25 feb. 2012

El falo de la muralla de Ampurias

El primer golpe de pico institucional y no furtivo de las excavaciones de Ampurias lo dieron el 23 de marzo de 1908 a las seis de la mañana Emilio Gandía y tres peones contratados, en la puerta meridional de la muralla romana, en el punto donde se ve el falo pétreo detrás de mí en la foto. La datación de esta primera puerta hallada de la muralla --una construcción tardía de mediados del siglo II aC-- no fue establecida hasta 1985. Anteriormente permitió fabular sobre el supuesto origen griego. Del falo no se ha vuelto a hablar, pese a
su ostensible presencia.  Las obras iniciadas en Ampurias en 1908 sirvieron más para reconocer socialmente la importancia del yacimiento que para estudiarlo, explicarlo y presentarlo. Esto, cien años después, sigue pendiente en más de un ochenta por ciento. Tres cuartas partes de estos últimos cien años –de los que solamente cuarenta corresponden al régimen franquista-- han sido de lentitud administrada, opciones discutidas e interpretaciones dudosas. La mayor parte de Ampúrias sigue sepultada.
No ha sido suficiente el hecho de tratarse de un caso único de yacimiento arqueológico con cien años seguidos de relativa excavación oficial, un asentamiento con mil años de historia antigua ininterrumpida, uno de los museos más visitados de Cataluña, la mayor colonia griega de la Península Ibérica y casi la única confirmada arqueológicamente, el punto por donde entró la moneda y se inició la romanización de toda Hispania. A pesar de todos esos puntos fuertes, los únicos factores que han salvado mínimamente a Ampurias han sido aquella primera idea novocentista y el hecho de encontrarse en un enclave privilegiado del golfo de Roses transitado por el caudaloso movimiento turístico.
En Cataluña, después del ruralismo enaltecido por la anterior Renaixença y por el Modernismo, el Novocentismo propugnó un neoclasicismo urbano de inspiración europea, mediterráneo, ordenado y luminoso. Barcelona y toda la "Cataluña ciudad" debían tender a convertirse en una nueva Atenas de Pericles, una nueva Florencia del Renacimiento gracias al impulso político, pedagógico, cultural, artístico y científico de la renovada administración pública autónoma. Invertir a Ampurias casaba del todo con aquella idea de recuperación nacional. Era el momento en que Cataluña tenía suficiente dinero para subrayar un pasado clásico propio, diferente del clima de crisis vivido a partir de 1898 en España por la pérdida de las últimas colonias ultramarinas.
Desenterrar Ampurias y proyectar sobre la historia del lugar la claridad de hoy no es solamente una tarea científica, sino una responsabilidad de aquella administración pública que planteó la Mancomunidad más de un siglo atrás y que tan solo se ha cumplido en pequeña parte. La arqueología es una ciencia interpretativa, dentro de la cual no importan exclusivamente las piezas que se encuentren, sino cómo se interpretan, cómo se explican, cómo se contextualizan para ilustrar un período del pasado. El hecho empírico por sí solo --la pieza física-- es un objeto mudo, inerme, opaco. Solo le da vida la explicación que le otorguen los conocimientos y la visión actuales, junto a los datos aportados in situ por el entorno del hallazgo, la relación con lo que le rodea. El falo inexplicado, símbolo genérico de fecundidad y prosperidad, forma parte de la nebulosa que pesa sobre un lugar tan luminoso.

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