4 feb. 2012

Un poema de adiós de Wislawa Szymborska

Wislawa Szymborska
El 1 de febrero moría la gran poetisa polaca Wislawa Szymborska, galardonada con el Premio Nobel en 1996, un hecho que ella calificaba de “hecatombe”. Cuando cinco años atrás Xavi Ayén la entrevistó en su pisito de Cracovia para el Magazine de La Vanguardia, Szymborska le dijo de entrada: “Primero, no me gusta hablar de poesía. Segundo, no me gusta hablar de Wislawa Szymborska, es decir, de mí. Tercero, no me gusta hablar
de política. ¿Qué nos queda? Puedo hablar con ustedes de animales, de plantas, un poco del amor y un poco de la amistad. ¿Qué quieren tomar? ¿Coñac o martini?”.
Deseo recordar en este momento su poema “Contribución a la estadística” del libro Instante:

De cada cien personas, 
las que todo lo saben mejor:
 cincuenta y dos,
las inseguras de cada paso: 
casi todo el resto, 
las prontas a ayudar,
 siempre que no dure mucho: 
hasta cuarenta y nueve,
las buenas siempre,
 porque no pueden de otra forma:
 cuatro, o quizá cinco, 
las dispuestas a admirar sin envidia: 
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
 por algo o por alguien:
 setenta y siete, 
las capaces de ser felices: 
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
 pero salvajes en grupo:
 más de la mitad seguro, 
las crueles
 cuando las circunstancias obligan:
 eso mejor no saberlo 
ni siquiera aproximadamente, 
las sabias a posteriori:
 no muchas más 
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
 cuarenta,
 aunque quisiera equivocarme, 
las encorvadas, doloridas 
y sin linterna en lo oscuro:
 ochenta y tres, 
tarde o temprano, 
las dignas de compasión: 
noventa y nueve,

las mortales: 
cien de cien.

Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.

(Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano. Ed. Igitur, 2004).

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