23 mar. 2012

El imperio de las flores y su camino de iniciación

Cerca de un millón de devotos desfilan del 22 de marzo hasta el 20 de mayo hacia el Keukenhof, el parque floral más extenso de Europa, entre Amsterdam y La Haya, para presenciar uno de los grandes espectáculos del mundo: la floración de seis millones de bulbos (tulipanes, jacintos, narcisos) plantados cada año de forma distinta a lo largo de las veintiocho hectáreas de parterres. La subida de la sangre de las liliáceas en su instante de plenitud, la eclosión de colores en el momento más vivo, provoca una auténtica iluminación de fe en la
poesía de las flores. El Keukenhof es el camino de iniciación más eficaz para los tibios de espíritu frente a la lírica de las flores. Convertirlas en una industria tan sólida como delicada, enraizada y evanescente al mismo tiempo, es uno de los ingredientes de la fascinación que inocula este célebre parque holandés. La jardinería --la botánica urbanizada—es uno de los indicadores sutiles del grado de civilización de cada lugar. Los holandeses han convertido a las flores en una demostración de fuerza, un despliegue de cultura, de investigación y tecnología, en otra exhibición de su dominio de la naturaleza.
Los ingleses se aferran también a este imperio con la apoteosis floral de su Chelsea Flower Show, del 22 al 26 de mayo. Los franceses van a la zaga con el festival internacional de jardines de Chaumont-sur-Loire, en plena región de los castillos del Loira. Aquí tenemos el Girona Temps de Flors o bien, en Barcelona, la Biennal Europea del Paisaje, el moderno Jardín Botánico de Montjuïc y el rosedal del Parque Cervantes en lo alto de la Diagonal, pero se habla menos de ellos.

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