4 may. 2012

Víctor Hugo visto como un autor de piso

La colosal resonancia mantenida por Víctor Hugo entre los lectores actuales conduce muchos visitantes al piso en que vivió, convertido en museo en uno de los lugares más bellos de París, la Place des Vosges. La visita del apartamento burgués resulta decepcionante, sombría, sin nada de la épica del gran escritor. Menos mal de los balcones, aunque la célebre plaza despliega su encanto sobre todo con el buen tiempo, mientras que los días plúmbeos de invierno los tilos completamente desnudos, las fuentes heladas y la ausencia de paseantes le dan a un aire tan gélido y mortuorio como a la casa. 
En cambio, una puertecita intrascendente situada sobre la misma plaza permite el acceso a la pequeña joya –en verano y en invierno— del Hôtel Sully, en el sentido francés de la palabra que designa un palacete particular. La urbanización de la Place des Vosges lo
dejó en segundo término y le colocó la puertecita a la que acabo de aludir, la cual da entrada a un jardín versallesco presidido por una suntuosa encina de gran porte, atrio noble del edificio modelado el siglo XVII por Maximilien de Béthune, duque de Sully, ministro de Finanzas del rey. El hecho de operar hoy como sede del Centro de los Monumentos Nacionales ha permitido una restauración a la altura y, más aun, mantener en su interior una pequeña librería especializada que figura entre las más atractivas de París, lo cual ya es decir. 
El aire triunfal del autor de Los miserables, de aquel "élu du peuple” no lo he sabido encontrar en su antigua vivienda. No puedo imaginarlo como un autor de piso. El palacete de al lado, restaurado y activo –reeditado como él--, me ha parecido que se le acercaba más.

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