2 jul. 2012

La idílica montaña también mata

No tan solo el meteorólogo Toni Nadal en el Pirineo, como hemos sabido hoy con consternación. El Montblanc, en los Alpes franceses, ejerce una especial atracción entre los amantes de la montaña por el hecho de ser el pico más alto de Europa. Cada verano mueren en él por accidente media docena de alpinistas. Mi amigo periodista Ernest Udina dejó allí la vida el 5 de julio del 2001. La montaña era una de las numerosas pasiones que Udina practicaba, pese a su aire con frecuencia circunspecto. Para conmemorar los sesenta años de edad quiso coronar la cumbre del Montblanc, el techo de su europeismo militante, entre otras militancias. Lo logró, sin dejar de fumar un cigarrillo tras otro. Se sacó unas fotos de felicidad que los amigos conservamos. Pocos minutos después, en el camino de descenso, un resbalón lo estimbó. Ernest Udina Abelló, el segundo de los once hijos de Santiago Udina Martorell, fue en su juventud un pionero de la incorporación a la lucha obrera, a continuación un periodista destacado como corresponsal en París durante
la transición democrática, colaborador del presidente Tarradellas y uno de sus primeros biógrafos, director del Centro Internacional de Prensa de Barcelona y analista político free lance. Era más cosas todavía, dentro de una amalgama de actividades entre las cuales hacía equilibrios, como por ejemplo encontrar tiempo para escaparse a la montaña a esquiar, caminar o culminar ascensiones. Pienso a menudo que murió con una gran felicidad en el corazón, después de haber coronado otra de sus pasiones, el Montblanc. Eso no disminuye la inquina que me despiertan algunas montañas desde entonces.

0 comentarios:

Publicar un comentario