1 jul. 2012

Los veranos discretos de Cristóbal Balenciaga en la Costa Brava

Los cuarenta años de la muerte del modista vasco de alta costura Cristóbal Balenciaga están dando lugar a múltiples evocaciones de su liderazgo internacional. No debería olvidarse el capítulo de su vida relacionado con la Costa Brava y el castillo del matrimonio Woevodsky en Cap Roig de Calella Palafrugell, donde durante sucesivas vacaciones veraniegas de los años 60 diseñó una parte de sus colecciones. 
Nacido en Guetaria en 1895 y emigrado a París en 1937, Balenciaga no solo fue calificado de "Picasso de la moda" por Jean Cocteau o de "Mozart de la costura" por su discípulo Hubert de Givenchy. También se le conoció como el Hombre Invisible, por el extremado sentido de pudor y discreción que le llevó a vivir enclaustrado en el taller de la avenida Georges V parisina, hasta su muerte acaecida en 1972. Concedió una sola entrevista a lo largo de la brillantísima carrera, en 1971 a The Times, tres años después de haber cesado profesionalmente y un año antes de morir. El hermetismo sobre su vida privada hace que sea poco conocido el hecho de que Balenciaga adoptó algunos veranos como residencia
de vacaciones el castillo de Cap Roig, invitado y protegido en su intimidad por los propietarios Nicolás Woevodsky y Dorothy Webster. Lo intente exponer en mi libro Cap Roig, el llegat d'un somni, pese a las dificultades de acceso a los documentos.
En la primera ala construida del castillo, el matrimonio Woevodsky habilitó unas dependencias reservadas al descanso y el trabajo de Balenciaga, siempre acompañado por su colaborador durante veinticinco años, Ramón Esparza. El modista eligió este lugar precisamente por las posibilidades de discreción que suponía, lejos de la vida social y del conocimiento de su presencia. El dormitorio de Balenciaga, con amplia cama de baldaquino, así como las habitaciones anexas del piso superior comunicadas por una escalera interior, se asoman a la espectacular escalinata de la finca, en la que las hileras de cipreses flanquean la visión del mar y de las Islas Formigues, dentro de un espléndido jardín botánico. Algunos veranos las colecciones de Balenciaga fueron ideadas aquí, con la misma reserva personal que en la avenida Georges V parisina.

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