7 mar. 2013

Los deleites inocentes de un excursionista de bibliotecas

Por algún motivo discutible se consideran objetivos de excursión las ermitas, los castillos, los restaurantes de “calçotades” o incluso los museos. Yo, en cambio, hago de vez en cuando una excursión a alguna de las bibliotecas públicas inauguradas a lo largo del país, con amplios equipamientos modernos y una cantidad envidiable de servicios y usuarios. La lista me alcanza para los próximos cuatro o cinco años de paseos. Sería hiperbólico pretender que estas nuevas bibliotecas públicas son las actuales catedrales o los actuales estadios, pero para mi tienen un interés comparable. El otro día tome el tren de Figueres --el tren de siempre-- y recorrí de arriba a abajo la magnífica
Biblioteca Fages de Climent, inaugurada el año 2000. Lo hice con el pretexto (verídico) de consultar unas obras que tan solo encuentro en su fondo local. El rendimiento de la excursión fue excelente. Al abandonar la biblioteca pude recoger gratuitamente en la recepción un ejemplar del librito Guia de 50 ocells a Figueres, con texto e ilustraciones de Sergi Castillo, deliciosamente diseñado y editado por la concejalía de Medio Ambiente de la capital ampurdanesa. Regresé a casa, en Barcelona, con la misma satisfacción que los excursionistas que culminan no sé qué cumbres heroicas.
Hoy he tomado el tren del Maresme hacia la “pequeña California catalana” y he visitado la Biblioteca Martí Rosselló de Premiá de Mar, abierta en abril de 2010 con el nombre de uno de los narradores más brillantes y sedentarios de la literatura catalana contemporánea, quien trabajaba aquí de bibliotecario antes de morir en enero de aquel año, a los 56 años. Yo la habría bautizado Biblioteca Anna K., como tributo a su gran novela que lleva ese título. Me ha conducido el deseo de releer precisamente aquí el capítulo “Del nacer y chocar con el mundo” y sentir en el espinazo el impacto vívido de unas páginas maestras, revisitadas entre estas paredes, en homenaje. Hay caprichos de excursionista convencional mucho más anodinos. La semana próxima quiero volver a probarlo en la Biblioteca Ernest Lluch de Vilassar de Mar o en cualquier otra de la lista, con una predisposición gratuita a la felicidad excursionista y lectora. También se puede denominar candor frente a los misterios del mundo en general.

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