7 mar. 2013

Mi voto (delegado) en el cónclave cardenalicio

Este artículo también se ha publicado en eldiario.es, sección Catalunya Plural

Como bautizado por decisión de mis padres al nacer (foto adjunta), formo parte de la iglesia católica, con independencia del grado cero de relación personal que mantengo con ella. Fui bautizado concretamente en la catedral y mi madre siempre me decía, en aquella época, que eso era condición necesaria para llegar a papa de Roma. Mi educación fue católica, antes de introducir otros enriquecimientos. Soy de tradición cultural católica por realidad ambiental. De mayor no se me ha ocurrido perder el tiempo apostatando por escrito ni he sentido la necesidad. Por lo tanto la elección
del papa de Roma me implica orgánicamente, supongo que a través del voto, delegado de oficio, en el cardenal arzobispo de Barcelona. No haré mucho caso de las instrucciones del futuro papa, pero reconozco la evidente influencia del jefe de la primera religión mundial (1.200 millones de personas). En consecuencia me gustaría que tuviese en cuenta la pluralidad de opiniones de los católicos de nacimiento o de convicción, así como la realidad del mundo de hoy.
Daría mi voto a un papa que dejase de pretender ser dogmático e infalible, vista la experiencia histórica acumulada por sus antecesores en el ejercicio de tales atributos. En el mundo actual no tienen sentido, seguramente no lo han tenido nunca, pero hoy desentonan ostensiblemente. Imaginar que la persona que se proclama vicario de Cristo en la tierra se pueda equivocar y admitirlo serenaría mucho las cosas, constituiría una lección fantástica, aunque difícilmente imaginable. De hecho también era difícilmente imaginable que un papa “bajase de la cruz” voluntariamente y dimitiese, como acaba de ocurrir. A las grandes corporaciones, ya sean divinas o terrenales, les sentaría muy bien un poco de imaginación en el camino del perdón de los pecados.

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