9 may. 2013

Viva la Semana de la Poesía (y por qué)


Estos días se celebra en múltiples escenarios de la ciudad la 16 edición de la Semana de la Poesía de Barcelona, naturalmente con un programa recortado y un presupuesto municipal limitado a 238.000 euros, una gotita de agua para una iniciativa de importante rendimiento ciudadano. También se ha reducido el formato de la 29 edición del Festival Internacional de Poesía que llena el Palau de la Música de público y voces internacionales como cierre de la Semana. No se ha podido convocar la feria de editores de poesía que los organizadores deseaban. Da igual, ni los recortes de la Semana llegan a dolerme del todo ante la magnífica continuidad de una iniciativa que saca por unos días la poesía viva y los poetas vivos a unas calles que tanto
lo necesitan. La poesía no es ni ha sido nunca un vicio solitario de cuatro estetas parnasianos recluidos en sus templos exquisitos. Es una materia básica de la vida colectiva, un arte de primera necesidad, una expresión de vitalidad ciudadana que ocupa oficialmente las plazas durante unas fechas para demostrarlo con permiso institucional, en vivo y en directo. Bienvenidos sean estos días de normalidad excepcional, de licencia poética en el espacio colectivo, de ocupación de la calle y los escenarios por la poesía.
La Semana programa todo un abanico de recitales, actuaciones, conciertos, conferencias, encuentros. La pluralidad de los más de ochenta poetas participantes me sigue pareciendo esplenderosa, este año con homenajes especiales a Salvador Espriu, Joan Teixidor, Joana Raspall, Marià Villangòmez, Vicent Andrés Estellés y Carmen Amaya. Se me antoja que si el presupuesto oficial de la Semana de la Poesía de Barcelona se viese recortado hasta programar a un solo poeta, un solo día, en un solo lugar de la ciudad, seguiría representando una iniciativa indispensable. Sin poesía no habría vida ni habría ciudad.

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