5 ago. 2013

La puntita del campanario de Cotlliure se ve mustia

El célebre campanario anfibio y fálico de la iglesia parroquial de Cotlliure está plantado literalmente en el mar, a orillas de la playa, por su origen de torre-faro de vigilancia, levantada el siglo XIII como parte de la muralla del puerto real rosellonés. Más adelante la torre de 30 metros de altura se unió a la iglesia adyacente y se coronó en 1810 con la cúpula rosada que le da el aspecto característico, tan pintado por los artistas que frecuentan la localidad, retratado por los visitantes e interpretado por los comentarios de toda clase. Es uno de los pocos campanarios del mundo que permite
rodearlo nadando a sus pies, con enorme satisfacción por mi parte desde hace largos años. Este verano, sin embargo, he observado que la cúpula en forma de prepucio necesita una urgente revitalización, como mínimo una capa de pintura.
Un reportaje del colega Christian Bachelier me lo confirma en el último número de la revista rosellonesa Terres Catalanes. El periodista ha podido recorrer el interior del campanario y atestigua de visu la corrosión del paso del tiempo y el salobre no solo en la puntita culminante. “Un aspecto sexy, pero con ropa interior menos emocionante”, escribe de entrada. Cede la palabra al teniente de alcalde de Urbanismo del municipio, François Banyuls, quien resume: “El interior del campanario es como Beirut”.
El presidente de la Cofradía de la Sanch de Cotlliure (la procesión tradicional de Semana Santa), Roger Riera, añade: “Es un campanario martirizado. Sufre la agresión permanente del mar y sus temporales, el viento, el salobre... Claro que sería preciso acometer una nueva campaña de salvaguardia, pero el presupuesto resultaría colosal y no se lo podemos pedir a los contribuyentes del municipio. Tan solo podremos avanzar al ritmo de las subvenciones. Necesitaremos paciencia en estos tiempos de penuria presupuestaria, salvo que acariciemos el sueño de un mecenas o de una fructuosa suscripción pública”. 
Tengo la certeza que una tasa turística de un euro simbólico por noche hotelera en la localidad sería suficiente para restaurar el famoso campanario e incluso construir otro, Dios no lo quiera. El campanario de Cotlliure es mucho más que una torre parroquial, es la afortunada seña erecta de la belleza y la vitalidad histórica y actual del lugar. Y me gustaría poder seguir rodeándolo pacíficamente a nado sin que me caiga un trozo en la cabeza y contemplar su cúpula rosada con todo el brillo que la define de carne trémula y vigorosa. Me apunto con empuje a la fructuosa suscripción pública.

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