30 sept. 2013

El avión estrellado en el Montseny, sin literatura

Más de cuarenta años después del accidente del avión inglés que se estrelló la tarde con niebla del 3 de julio de 1970 en la montaña de las Agudes, en el Montseny, las piezas que pueden encontrarse diseminadas por los alrededores son cada vez más pequeñitas. Pero todavía se encuentran hoy, ya sean metálicas, de plástico, del cableado, de las luces o de las pertenencias de los viajeros. En mi juventud los trozos que recogíamos no eran tan pequeños. Constituían el atractivo macabro de la excursión (el atractivo exótico del mismo día era visitar al responsable del observatorio meteorológico del Turó de l’Home, Fernando García de Castro, que residía allí todo el año desde 1951, como un auténtico farero de montañas). En el Turó de l'Home se había estrellado otro avión inglés once años
antes, en agosto del1959, con 32 víctimas inglesas que iban de vacaciones a la Costa Brava. Cada fragmento retorcido, calcinado o simplemente dislocado que localizábamos era para
nosotros como un libro abierto de aventuras, de una elocuencia literalmente palpable, sobre la catástrofe aérea que costó la vida a 112 personas, la totalidad de los pasajeros y tripulantes. Tal vez fueran 113. Por encima de la lista oficial de ocupantes del aparato, testimonios presenciales de la recogida de restos humanos contaron 113 cabezas, que eran la única unidad de medida posible de las víctimas de la colisión.
Un mes después del accidente España reestructuró su espacio aéreo sobre las pautas de la Organización de Aviación Civil Internacional, en un reconocimiento tácito de que el atraso técnico de los aparatos disponibles en las torres de control del país estuvieron en el origen de la confusión que llevó a autorizar al avión charter Havilland DH-106 Comet 4 de la compañía Dan Air, procedente de Manchester cargado de turistas británicos, a iniciar antes de tiempo el descenso hacia el aeropuerto de Barcelona. Se estrelló en un bosque de fuerte pendiente de la finca Regás, en el término de Arbúcies, a 1.100 metros de altitud. Los equipos de rescate tuvieron que descolgar de los árboles muchos restos humanos, en un radio de más de 300 metros. En cuanto a los restos materiales atomizados, solo recogieron los más importantes.
La colisión provocó sobre el terreno un agujero de 50 metros de diámetro. Hoy se levanta en este punto un monolito con cruz metálica sufragado por subscripción popular (fácilmente accessible a pie si se deja el coche en el punto kilométrico 25,9 de la carretera entre Santa Fe y Sant Marçal), del mismo modo que en el cementerio de Arbúcies se han colocado dos placas con los nombres de las víctimas, todas inhumadas aquí. El avión inglés estrellado en el Montseny ha dado pie a menos literatura de la que imaginaba cuando de jovencito topaba de excursión con algunos de sus restos esparcidos. Estos días los diarios han hablado del hallazgo en el Montblanc francés, gracias al deshielo estival, de una caja metálica de joyas procedente del Boeing 707 de Air India que cayó el 24 de enero de 1966, con 117 muertos. La catástrofe del Montseny fue mucho más cercana, cubierta por la niebla de la época.

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