17 sept. 2013

El saqueo organizado y el quinto aniversario de Lehman Brothers

El quinto aniversario de la quiebra del banco norteamericano de inversiones Lehman Brothers ha servido en los medios de comunicación para hacer balance de la crisis financiera mundial que destapó, con conclusiones coincidentes. En primer lugar, no falta conocimiento sobre el proceso que nos ha conducido a la crisis, porque en la actual sociedad de la información permanente e interconectada se sabe casi todo, aunque sirva de poco saberlo. En segundo lugar, el resultado de la crisis es inapelable, compartido y reconocido: los bancos especuladores que la causaron con sus
prácticas corruptas y sus burbujas han sido rescatados con dinero público a cambio de recortar los puestos de trabajo, los servicios públicos y los derechos de la mayoría de la sociedad, de modo que hoy el 1 % de los oligarcas responsables son más ricos y poderosos, y el 99 % de los ciudadanos estafados más pobres y impotentes.
En tercer lugar, todo prevé que la futura y lenta recuperación se hará a costa de consolidar la precarización de los puestos de trabajo, los salarios y los derechos sociales. En cuarto lugar y seguramente el más importante de todos, este proceso aberrante y calamitoso de refuerzo de los culpables de la crisis y debilitamiento de sus víctimas ha sido posible por la complicidad de los organismos políticos representativos de la mayoría social y por falta de oposición de los ciudadanos desorganizados, convertidos en simples electores irrelevantes. 
El diagnóstico sobre el resultado de la usura y la corrupción institucionalizadas y de las desigualdades sociales acentuadas se ve avalado por numerosos estudios, entre los que el último suplemento económico del moderado diario La Vanguardia cita el libro Exuberancia irracional, del economista de la universitat de Yale Robert Shiller, y Age of greed (La era de la avaricia), del ex director de la sección de Economia del The New York Times, Jeff Madrick, poco sospechosos de desviación ideológica. Uno de los escasos ingredientes democráticos que se salva de la crisis es la información, tal vez porque hasta ahora ha servido de poco frente al saqueo organizado.

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