24 dic. 2013

Aquí no hubo tregua de Navidad

Tal día como hoy, el 24 de diciembre de 1914, se produjo una tregua espontánea en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, desplegadas en aquel momento en Ypres (Bélgica). Soldados alemanes, franceses y británicos montaron un partido de fútbol en el campo de batalla. En recuerdo del gesto se celebra desde 2011 un torneo amistoso en Ypres de equipos juveniles de Bélgica, Reino Unido, Alemania y Francia. La tregua navideña por sorpresa de 1914 no se repitió las tres Navidades siguientes que duraría la guerra que costó entre 10 y 30 millones de muertos (los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo) y precedería en tan solo 20 años a la Segunda Guerra Mundial en los mismos escenarios, la cual costó entre 60 y 70 millones de muertos más. En cambio, en la
Guerra Civil española el intento de tregua navideña de 1938 fracasó completamente tras la batalla del Ebro, de la que estos días se conmemora el 75 aniversario. Ganada por Franco, decidió en noviembre lanzar la siguiente ofensiva sobre Cataluña, no sobre el objectivo culminante de Madrid, ya que deseaba llevar a cabo una lenta guerra de desgaste y dominar el territorio también en términos políticos, ideológicos, económicos y psicológicos. La represión posterior a los combates debía someter a la población de cada zona ocupada, destruir las fuerzas sociales de izquierda, "limpiar" mediante la purga política para apuntalar el nuevo régimen, el nuevo orden. 
La ofensiva sobre Barcelona brindaba a Franco la oportunidad de batir varios enemigos a la vez y esquivar el frente del Centro, donde se concentraban las tropas más numerosas y mejor pertrechadas del ejército republicano, inactivas desde la batalla de Brunete en abril de 1937. Un total de 490.000 combatientes se hallaban en la zona Centro-Sur, por 198.000 en Cataluña. El principal foco industrial del país era un feudo de las fuerzas de izquierda, la sede del evacuado gobierno de la República y del gobierno autónomo catalán. Franco buscaba partir estratégicamente el territorio republicano y bloquear su pulmón de la frontera con Francia. 
En vísperas de la Navidad de 1938, medio millón de combatientes se encontraban cara a cara en el frente catalán, de la desembocadura del Ebro hasta el Pirineo. La proporción era netamente descompensada, se contaban tres soldados franquistas por cada dos republicanos y los primeros estaban mejor pertrechados en armamento, víveres, relevos de refresco y moral de combate. Las fortificaciones y trincheras catalanas, defendidas durante los últimos nueve meses de guerra de posiciones, se vieron rebasadas por los franquistas en pocos días. 
El nuncio del Vaticano, monseñor Gaetano Cicognani, se entrevistó en Burgos con Franco para plantearle la posibilidad de una tregua navideña. No hubo tregua, sino rápido y cruento avance, bajo continuos bombardeos de la aviación italiana y alemana. Ni tregua de Navidad ni tregua de Año Nuevo. El 31 de diciembre los trimotores italianos machacaban una vez más la población civil del centro urbano barcelonés.

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