10 ene. 2014

Madrid se va, parece que se ha ido, aunque no lo aseguraría

El lujoso aeropuerto madrileño de Barajas se ha visto superado por primera vez en número de pasajeros por el barcelonés de El Prat en agosto pasado. El museo del Prado (ampliado en 2007) acaba de anunciar que en 2013 recibió un 15 % menos de visitantes que el año anterior. La Puerta del Sol se ha convertido en una plaza manoseada. La candidatura olímpica ha terminado en un café con leche de nada. La arteria aorta del Madrid faraónico que es la autovía de circunvalación M-30 desemboca en otras autovías en quiebra. La ampliación de la red de metro (triplica en extensión la de Barcelona) registra continuos problemas de mantenimiento. La cifra de usuarios se revela irrisoria en el AVE construido hasta las capitales de
provincia más cercanas (Toledo, Guadalajara, Ávila, Segovia, Ciudad Real o Valladolid, convertidas en región metropolitana de 6,5 millones de habitantes, cuando ni siquiera está programado un AVE entre la segunda y la tercera ciudades del país, Barcelona y Valencia). La comunidad y el ayuntamiento de Madrid (gobernados por Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón durante la década del dinero fácil a costa de fundir a Bankia y rescatarla con dinero público) reconocen deber 7.000 de los 9.800 millones de euros invertidos en infraestructuras. Y como puntilla ha cerrado las puertas el tabernáculo del conglomerado financiero, empresarial y político que era el restaurante Jockey (el palco del Bernabéu solo abre los días de partido).
De ahí a cantar el responso del Distrito Federal megalómano, de la ciudad-nación reinventada como radial, olímpica y hegemónica, de la fenomenal Singapur mesetaria de la burbuja solo dista un paso que algunos dan con exagerada alegría. Cuando el escritor costumbrista madrileño Ramón Mesonero Romanos utilizó en el siglo XIX la expresión “Madrid, poblachón manchego”, lo hizo a sabiendas de que aquella ciudad de corte no era un poblachón ni era manchega. Un siglo más tarde Camilo José Cela pretendía redondearlo con “Madrid es un poblachón manchego, mezcla de Navalcarnero y Kansas City”, pero sabía igualmente que solo era una ocurrencia chusca. 
Prefiero otros diagnósticos más acertados. Oriol Bohigas manifestó en 1995: “Barcelona debe aprender de Madrid a ser una capital, pero Madrid debe aprender de Barcelona a ser una ciudad”. Pasqual Maragall publicó en 2001 un artículo de impacto con el título “Madrid se va”: “Desde la periferia se tiene la sensación de que Madrid se va de España. Que juega otra Liga. Tenemos la impresión de que Madrid se mide con Miami, con Buenos Aires, con São Paulo. Que no le interesamos. Que España, para Madrid, es ahora tan solo el lugar donde ir a buscar pequeñas y medianas empresas en venta para mejorar posiciones antes de dar el salto al otro lado del océano. Esto en el terreno económico, el cual ha pasado a ser no ya decisivo, sino el único que cuenta. Antes Madrid era la capital política, Barcelona y Bilbao, y luego Valencia, las capitales industriales y económicas. Ahora figura que es al revés. Ahora Madrid es antes que nada la capital económica, la capital de la innovación y de la nueva economía, mientras que el poder político se ha descentralizado. Si Madrid se va sola, podría ser que un dia se encuentre con que todos los demás vamos juntos por otro lado”. 
Las repercusiones de aquella descripción de Maragall le impulsaron a reincidir en 2003 con otro artículo, titulado esta vez “Madrid se ha ido”, ante las elecciones autonómicas madrileñas que revalidarían el reinado versallesco del PP: “Espero que la sociedad civil madrileña reaccione y se plantee seriamente cuál debe ser el papel de la Comunitat en la política española y, para empezar, cómo debe regenerarse políticamente Madrid. Cuatro años más de deriva como la de los dos últimos y España perdería el norte. Nunca mejor dicho”. 
El caso que unos y otros hicieron a Pasqual Maragall salta hoy a la vista. Los años de deriva han sido muchos más, y prosiguen. Madrid continúa donde estaba, la burbuja también. Su próximas elecciones autonómicas y municipales serán en 2015, por mayo. ¿Madrid se va, se ha ido? En algun aspecto sí, estrepitosamente. En otros, para nada. Me recuerda la famosa ranchera desafiante de José Alfredo Jiménez “No me amenaces”, popularizada por María Dolores Pradera y Chavela Vargas: “Porque estás que te vas y te vas y te vas 
y te vas y te vas y te vas...
 y no te has ido.
 Y yo estoy esperando tu amor,
 esperando tu amor,
 esperando tu amor o esperando tu olvido”.

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