13 feb. 2014

El hotel Majestic violenta la figura de Antonio Machado

Es un contrasentido y una falta de consideración a la vocación de sencillez mantenida toda la vida por Antonio Machado que el hotel Majestic del Paseo de Gracia barcelonés haya dado el nombre del poeta a la habitación más amplia del hotel, una suite de lujo en el noveno piso que cuesta 5.000 euros por noche, presentada ayer a la prensa. El poeta se alojó con sus familiares durante unos días de abril de 1938 en otra habitación este establecimiento, entonces incautado y convertido en residencia de
corresponsales extranjeros e invitados oficiales. No fue por elección propia, sino como huésped del gobierno de la República, al que ya había seguido desde la huída itinerante de Madrid en 1936 hasta el refugio de Valencia y posteriormente a Barcelona y el exilio, como gesto de apoyo personal a la legalidad democrática que representaba. Tras los primeros días en el hotel Majestic, Machado y sus familiares fueron realojados en la más tranquila Torre Castañer del Paseo de San Gervasio nro. 21, también incautada. De ahí partió hacia el exilio a finales de enero de 1939 y murió en Collioure el 22 de febrero, después de tan solo 26 días  en la localidad costera rosellonesa, donde permanece enterrado.
El hotel Majestic barcelonés ya dispone de una lápida a la entrada que recuerda la estancia de Machado durante la Guerra Civil. Si los responsables del hotel querían dedicarle ahora otro espacio, hubiesen podido escoger una saloncito de lectura, cualquier otra instalación más conforme con lo que representa este poeta. Poner su nombre a una suite de lujo constituye un despropósito, una grosería de nuevo rico, que es lo que más refractaba al personaje.
Antonio Machado cuenta ya en realidad con dos suites de lujo auténtico y primigenio. La primera, en el corazón de los numerosos lectores de su poesía a lo largo de generaciones sucesivas. La segunda, las cuatro losas de pizarra sufragadas por suscripción pública en el cementerio de Collioure, una sepultura convertida en el más concurrido memorial del exilio republicano de 1939. Allí murió exiliado y “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”, por voluntad de servicio a una causa y coherencia hasta la muerte con la actitud que defendía. El próximo 22 de febrero se cumplirán 75 años.

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