4 feb. 2014

En los Juegos Olímpicos de invierno de Putin el deporte pesa muy poco

Las pruebas deportivas de los Juegos Olímpicos son siempre el pretexto corto, limitado y casi intrascendente de otras operaciones de mayor envergadura, como sabemos los barceloneses tras las mejoras urbanísticas y el relanzamiento de la imagen de la ciudad que supusieron los de 1992. Los Juegos Olímpicos de invierno que se inauguran este viernes en la ciudad balnearia rusa de Sochi, donde veranea el presidente Vladimir Putin, son la operación de propaganda planetaria de su largo mandato, que no tiene muchos triunfos por exhibir. El flamante estadio olímpico, el nuevo aeropuerto, la carretera, la línea de tren, la
estación de esquí de élite que quedará, los 3.000 deportistas de 90 países que participarán durante quince días, los 13.000 periodistas acreditados, los 75.000 policías y soldados movilizados y los 3.000 millones de telespectadores convergen en el objetivo de prestigiar internacionalmente al zar Putin y su régimen, conocido por el dominio de la corrupción y la limitación de los derechos ciudadanos.
Se han invertido oficialmente en estos Juegos Olímpicos de invierno 36.700 millones de euros (la mitad dinero público y la otra mitad de los oligarcas privados enriquecidos por Putin). Los anteriores de Vancouver (Canadá) el año 2010 solo requirieron 1.400 millones de euros. La diferencia es astronómica.
Los presidentes de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia ya han anunciado que no podrán asistir a la ceremonia inaugural. Más que los campeones de cada prueba, ahora solo falta saber si la operación de imagen de Putin le saldrá mínimamente bien. Todo lo demás, comenzando sobre todo por el deporte, se da por secundario.

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