28 mar. 2014

El rescatado Catalunya Banc vuelve a dar beneficios, ¿a quién?

El sector bancario es un negocio bien curioso y se halla en el origen de la crisis actual. Catalunya Banc (nacido en 2010 de la fusión de Caixa de Catalunya, Caixa de Tarragona y Caixa de Manresa) fue declarado en quiebra e intervenido o nacionalizado a partir de 2011 con una aportación de dinero público de 12.052 millones de euros. Una vez nacionalizado, en 2011 declaró 1.335 millones de euros de pérdidas y en 2012 hasta 11.800 millones. Ahora ha traspasado los activos inmobiliarios “tóxicos” al banco malo de la Sareb, ha despedido a 2.450 empleados y acaba de declarar oficialmente 532,2 millones de euros de beneficios en 2013. El rescate con dinero público y las otras operaciones de
saneamiento asociadas para enderezar el negocio bancario han conseguido pasar de la quiebra a nuevos beneficios en menos de tres años. ¿Pueden decir lo mismo muchas otras empresas del sector productivo o muchos particulares afectados por la crisis financiera? ¿La quiebra y el rescate con dinero público han servido para sanear no solamente los beneficios, sino sobre todo los mecanismos para obtenerlos? ¿El carácter de banco nacionalizado significa alguna diferencia de actuación en comparación con los privados? 
El oficio de hacer correr el dinero a comisión se ha convertido en un conglomerado descomunal, una madeja infinita, una hidra global de mil cabezas, la cual ha cavado el abismo entre la economía productiva y la financiera. Por su proximidad a la usura, el negocio del crédito se vio regulado por el poder público a través de las normativas de los bancos centrales de cada país, con la intención de que cumpliesen correctamente la función de financiar la economía real y hacer circular el sistema de pagos. 
Los supervisores públicos fallaron y no de forma inocente o accidental. No digo que los endeudados no tengamos nuestra parte de responsabilidad, dentro del clima general que empujaba a sucumbir al canto de sirenas de los prestamistas, a creernos ricos consumidores a crédito. 
En El mercader de Venecia el único culpable no es el usurero Shylock, ni el joven Bassanio necesitado de dinero para conquistar a la rica heredera Porcia, ni Antonio que actúa de intermediario... Shakespeare nos hace ver que cada uno de los protagonistas enfrentados, ya sea acreedor o deudor, tiene motivos legítimos para reclamar y alimentar rencor. La razón no es nunca simple, oscila entre muchas capas de matices. Sin embargo el volumen de responsabilidad y de consecuencias de cada actor social no es comparable.
Los banqueros y los responsables públicos de controlarlos nos siguen debiendo una explicación y un cambio de conducta. Dudo mucho que los beneficios recuperados de Catalunya Banc, nacionalizado con dinero de todos, sean fruto de ese cambio de conducta.

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