18 jun. 2014

Las letras borradas de la cala de Aigua-Xelida

En 1997 la Agrupación Excursionista de Palafrugell tomó la iniciativa de restaurar la fuente que mana de la roca, a la orilla del mar, en la caleta de poniente de Aigua-Xelida y colocó la  placa de granito jaspeado que Josep Pla dijo que pondría, con su epitafio del pescador conocido por Hermós. El salobre ha convertido las letras grabadas en prácticamente ilegibles. En la adyacente playa grande, el Ayuntamiento de Palafrugell y la Fundación Josep Pla fijaron dos placas metálicas más, una con la célebre fotografía del escritor sentado junto a Hermós en este exacto lugar y la otra con una corta cita de la narración “Un viaje frustrado”. El salobre también las ha carcomido, aunque no tanto como a la derruida barraca comunal que allí subsiste, en cuyo
contrafuerte quisieron que lucieran las placas conmemorativas. La histórica barraca es de propiedad municipal, pero el Ayuntamiento dice que debe restaurarla el Servicio de Costas del ministerio, y viceversa. En agosto de 2005 una joven de 22 años, Neus Casellas Carreras, la Neus de can Jordi (de la panadería Jordi de Palafrugell), halló la muerte al despeñarse mientras paseaba por por un tramo de firme defectuoso, al borde del acantilado, del camino de ronda entre Aigua-Xelida y Cala Sorellera. Casi diez años después, ese punto fatídico del camino siguen sin arreglar. 
Encajada entre paredes de roca y solo accesible por tierra a través de caminos abruptos entre pinos, la delicia de Aigua-Xelida pertenece al término de Palafrugell, pero ya forma parte de la mole mineral del cabo de Begur. Ofrece una dulzura acentuada, sin nada de arisca ni salvaje. Es una cala con fuente de agua dulce, algo poco corriente de lo que deriva su nombre. El lugar siempre fue punto de encuentro, en media docena de barracas, de cazadores, pescadores y corcheros, de los grupos de comilona.
El botón, el corchete que abrocha la cala es el farallón de Aigua-Xelida, formado por sendos escollos rocosos que afloran de la superficie del agua y cuyo fondo posee paredes atravesadas por un tunel natural, muy frecuentadas por los submarinistas para contemplar los vestigios menguantes de las ramas de coral, el colorido trémulo de las gorgonias y la mirada furtiva de algún cabracho, alguna langosta, algún mero o un banco asanfainado y cándido de pececitos.
El enclave boscoso de Aigua-Xelida, rodeado de islotes y cuevas, consta de tres playitas. La de poniente recibe el nombre de Platja de la Font, una fuente que Hermós construyó sumariamente a partir del agua que mana de la roca. La del centro es la Platja Gran --en realidad minúscula, aunque no tanto como las dos adyacentes--, sobre la que tenía Hermós su barraca. La tercera es la playa pequeña de Aigües Mortes o de Gotes, donde vivía su único vecino en la respectiva barraca, que rebautizó Xalet Xalat. Ambos habitantes, enfrentados, formaban la república independiente de Aigua-Xelida. Emili Gotes Curet fue el más longevo. Falleció una noche del 1949, al pie de su barca, a la salida del bar Patxei de Tamariu, ahogado en un palmo de agua, sin que nadie se diera cuenta hasta el día siguiente por la mañana.
Aigua-Xelida es un pequeño mundo  más a parte todavía que Tamariu y ha conservado el carácter visceral, preciso y esencial. La roca aguileña y fornida del acantilado posee una verticalidad flamígera, una coloratura encendida de carmín casi carnal, un cromatismo impregnado de la rudeza de la luz mediterránea, es decir del color del sol. Algunas noches las estrellas parpedean aquí con un mutismo goloso que llama a morderlas. Los temporales llegan de vez en cuando como el último estertor de la aurícula y el ventrículo del mar.
Aigua-Xelida es a todos los efectos un jubilatorio omphalos mundi, el hueso, la pulpa, el pequeño botín de gloria de la justicia poética realmente existente. En la verdad de su desnudez, contiene todos los principios psicoactivos del paisaje de marina brava, acunados por la antífona ritual del aire amansado, por el jugueteo del rizo del viento y el contrapunto del caracolillo de la ola, hecha de vigor y tenacidad, de ternura y piedad, del compás de la vida libre, de la grandeza y el misterio de la miniatura de la aventura humana, del silencio infinito de la melancolía del mundo.
Aigua-Xelida contrasta mucho con las fatuas sedas, los tules, los encajes, bordados y pasamenerías, con la liturgia y la disimulación, con la hojarasca decorativa, las estridentes tendencias del mercado, la sacarina social, la bobería niquelada y los egregios trileros --en el sentido analógico y en el digital— que suelen poblar las localidades costeras vecinas, en especial durante la canícula y los puentes festivos del calendario. En Aigua-Xelida eso no ocurre. Aigua-Xelida sigiue siendo un culto pagano, una ilusión terrenal, un solo de la vida misma, la exteriorización fugaz, complaciente y propiciatoria de un instante afortunado del sistema nervioso del mundo, un lugar para sacar a pasear a las competencias emocionales de cada uno sin presentimientos ni procesos deductivos, o bien para huir sin mirar atrás como hace la mayoría. Aigua-Xelida es, también gracias a Josep Pla, el escenari mítico de dos personajes reales com Hermós y Gotas.
Sebastià Puig Barceló, Hermós, nació en Palafrugell el 6 de setiembre de 1868. Analfabeto (él decía que era “alfabético”) y a la vez sabio, conocido en toda la comarca y hasta el Rosellón por su talante filosófico y atrabiliario, era treinta años mayor que Josep Pla. Les unió una amistad desigual, hasta convertirlo en uno de los personajes populares más destacados de su literatura, en el sueño del hombre primitivo, docto y libre. Es el antihéroe protagonista de la narración “Un viaje frustrado”. O tal vez, bien mirado, es el héroe. 
De chico Hermós trabajaba en las embarcaciones de pesca que Cebrià Pla Mayola, el Noi Gran de Calella de Palafrugell, tenía en el Puerto de Palamós. Después entró en el sector corchero y viajó a pelar encinas a Argelia, Extremadura y Castilla. Finalmente fue contratado durante largos años al servicio doméstico de doña Rosa Barris y su hijo Joan Vergés Barris como tartanero, marinero y hombre para todo, lo que Pla califica de “criado universal”. Y añadía en el volumen Caps-i-puntes: “Hermós es uno de los hombres de mayor amenidad que he conocido en el curso de la vida. Era, claro está, una amenidad totalmente popular, que a veces saturaba de tan popular. Siempre tenía algo que decir, a menudo de forma muy aguda. Era un hombre absolutamente libre sobre el que se había producido el milagro de ser, al mismo tiempo, un criado perfecto. Esta combinación, que raramente se encuentra, es la única forma de menguada felicidad que se puede alcanzar en la vida. La ambivalencia bien combinada... ¡no se puede pedir más!”.
Las tres placas colocadas en Aigua-Xelida, carcomidas por el salobre, lo medio recuerdan.

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