14 jul. 2014

Alexandre Plana reivindicado, ni que sea muy de refilón

No me senté de pequeñito en las rodillas de Alexandre Plana como Joan de Sagarra, pero estoy convencido como él que se trata de un personaje crucial desconocido, infravalorado, olvidado. En su “Terraza” semanal de ayer domingo en el diario La Vanguardia, la página de crónica cultural y ciudadana en que  Sagarra compite a mis ojos en interés crítico con la habitual “sabatina” política del día anterior por parte de Gregorio Morán, el comentarista aludía de nuevo a Alexandre Plana (a quien había dedicado la “terraza” del domingo anterior) y lamentaba que no hubiese merecido un recordatorio en este diario a raíz del centenario del inicio de la sección “Las ideas y el libro” que mantuvo en sus páginas a partir del 12 de junio de 1914 y que significó una ventana de aire renovador en materia de crítica literaria da actualidad. Es una forma de recordar el déficit de conocimientos sobre Plana, entre muchos ángulos de su figura. Otro desconocimiento pendiente es la influencia decisiva que Alexandre Plana ejerció en el estilo literario del joven Josep Pla, quien renovaría el panorama periodístico y literario
catalán. Josep Pla recibió incontables ayudas de Alexandre Plana, entre ellas la argumentada persuasión sobre la necesidad de abandonar el tono arcaico de los primeros escritos, de torcerle el cuello al cisne. El vuelco hacia a la modernidad del estilo de Josep Pla, el rescate de su narrativa de los anteriores hábitos literarios anquilosados para ponerla a disposición de un nuevo concepto de amplio público lector, la revolución del catalán llano y a la vez normativo, fue idea de Plana y obra de Pla.
Se habían conocido en el Ateneo Barcelonés, cuando Plana ya despuntaba como crítico literario en diarios y revistas. Josep Martinell fue el primero en indicar por escrito (La Vanguardia, 14-11-1996) que la homosexualidad de Alexandre Plana constituyó la causa del distanciamiento decidido por el joven Pla al cabo de pocos años de relación con su pigmalión y mentor, su introductor en la peña del Ateneo y a los primeros trabajos periodísticos, el amigo que en Barcelona influyó decisivamente en el cambio de estilo del joven escritor debutante y le llevó a abrazar el otro que caracterizaría poderosamente su obra de entonces en adelante. El copioso epistolario de unas doscientas cartas intercambiadas entre Josep Pla y Alexandre Plana de 1922 a 1938 permanece inédito, pese a encontrarse recopilado desde hace largos años.
Nacido en Lleida en 1889, Alexandre Plana Santaló terminó la carrera de Derecho en Barcelona en 1910 y aquel mismo año empezó a escribir como crítico de teatro en el diario El Poble Català. En 1915 entró de secretario en la organización empresarial Unión Industrial Metalúrgica, al mismo tiempo que ejercía de crítico y escribía poesía y prosa. También actuaba de secretario del Ateneo Barcelonés. En 1914 comenzó a practicar la crítica literaria en La Vanguardia hasta 1918, en que pasó a la crítica cinematográfica de La Publicidad. En 1929 se incorporó a la revista Mirador como crítico de discos con el pseudónimo “Discòfil” y en 1934 de nuevo a La Vanguardia como crítico semanal de artes plásticas. 
Hoy resultaría irreconocible el estilo literario practicado por el debutante Josep Pla en los primeros artículos publicados en distintas revistas a partir de 1917, muy influido aun a los veinte años por Prudenci Bertrana y Víctor Catalá, antes de la depuración instigada por Alexandre Plana. El debut en lengua castellana de Josep Pla también fue obra de Alexandre Plana, quien le recomendó a Eugeni Xammar para escribir a partir de 1919 en la página “La Vida Catalana” que publicaba el diario madrileño El Fígaro
En El cuaderno gris, editado en 1966 pero ambientado entre 1918 y 1919, Josep Pla anotaba: “Encontrado Alexandre Plana en la calle Pelayo. Plana, a quien, por cierto, no se conocen muchas amistades femeninas, es Tierno con los amigos”. Incorporó a El cuaderno gris el fragmento del libro primerizo Coses vistes sobre el proyecto de vivir juntos en el Ampurdán. En una de las últimas anotaciones de El cuaderno gris, Josep Pla recuerda al amigo decisivo: “Pensé largamente en todo lo que Alexandre Plana me dijo en el curso de aquella conversación –que fatalmente he dado muy abreviada—y debo confesar que lo que me dijo me produjo un gran efecto. Rompí una gran cantidad de papeles –todo lo que había elaborado durante tantos años y con tanta dificultad, con estilo digamos noucentista, por decirlo de algún modo. En seguida que pude empecé a escribir este cuaderno –“El cuaderno gris”. Fue la consecuencia natural de la destrucción de aquel montón de papeles”. 
Durante la Guerra Civil Alexandre Plana se refugió en París. Acogido en la Ville de Mimosas que había alquilado en Banyuls Josep M. de Sagarra y su familia, murió de un infarto el 7 de mayo de 1940, a los 50 años.

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