27 feb. 2015

La tarifa eléctrica forma parte sensible de la crisis y sigue subiendo

Este artículo también se ha publicado en Eldiario.es, sección Catalunya Plural

La misma semana de la inauguración oficial del tramo fronterizo de la nueva línea de Muy Alta Tensión (MAT), Endesa ha divulgado el balance del 2014 con un beneficio de 3.337 millones de euros (+ 77,6% respecto al año anterior), lo que hizo cuadriplicar sus acciones en la bolsa de 4,97 a 17,95 euros. Aunque la presentación de los resultados económicos anuales de las grandes empresas por parte de ellas mismas acostumbre a representar un ejercicio de malabarismo en el que exhiben la parte que les conviene de la forma que más
les favorece, resulta incuestionable que la multiplicación de los beneficios se ha visto acompañada por un aumento de tarifas al consumidor y una disminución del consumo.
Estas compañías se han mostrado insensibles a la angustia económica de sus clientes e incapaces de aportar nada a una suavización del coste de la vida después de los recortes vividos. Endesa, Iberdrola y Gas Natural, las tres grandes del sector, han recordado estos días al unísono que la evolución de los precios en el mercado mayorista de la electricidad incide en un 37% en la tarifa al consumidor, mientras que el resto son costes fijos e impuestos, como para pasar la responsabilidad a la autoridad reguladora gubernamental. 
La asociación de consumidores Facua alerta que la factura de electricidad del consumidor privado ha subido un 17,7% de media el mes de enero pasado y reclama una intervención contundente del gobierno para que “los usuarios dejen de ser víctimas de prácticas oligopolísticas”. En paralelo, el pleno del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha aprobado un aumento medio del 2,47% de la factura del agua doméstica. 
Las grandes compañías privadas siguen incrementando alegremente por encima del IPC los suministros básicos de electricidad, gas, agua y teléfono, un gasto cautivo, insorteable en todos los hogares. La liberalización de los antiguos grupos monopolísticos para abrir paso a los beneficios de la competencia entre las distintas empresas privadas del sector se ha revelado muy teórica, con ventajas inapreciables en la factura de los usuarios. Los suministros indispensables han seguido aumentado de precio sin freno, hasta convertirse en un coste tan oneroso como el alquiler o la cuota de hipoteca. 
El Instituto Nacional de Estadística establece que el gasto de los hogares en electricidad doméstica aumentó un 52% entre 2008 y 2012, la del gas un 37,5%. Las grandes compañías de suministros básicos se han alineado con la conducta abusiva de las entidades bancarias, hasta formar parte sensible del mismo paquete de la crisis.

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