16 mar. 2015

De cerca nadie es del todo normal, un postulado básico

Realicé en Rio de Janeiro una estancia laboral de ocho días, de los que me sobraron siete en el aspecto concreto del trabajo que me conducía. Me dediqué a pasear, a vagar sin rumbo exacto a lo largo del universo del Calçadao y sus afluentes, a entretenerme observando la luz anaranjada de la ciudad cuando el calor de la lluvia tropical le hace desprender el aroma de tierra mojada. En el país del verano climático permanente la tromba acuosa alterna al poco rato con el sol radiante en un vaho de ámbar. Cualquier chaparrón desfonda el cielo de golpe, escenifica el apocalipsis por unos momentos y deja un olor de barro mezclado con cerveza y gasolina. A veces caen gotas del tamaño de una uva, cada una de las cuales se desliza sobre la piel del transeúnte como una anguila. Entre dos chubascos saludé a la estatua tamaño natural del poeta Drummond Andrade sentado en un banco del Calçadao o paseo marítimo de Copacabana, asistí a la misa dominical cantada en gregoriano en la iglesia barroca de São Bento, admiré la puesta del sol tras el morro Dos Irmãos, bebí
caipirinhas con la ausencia de mesura que caracteriza al carnaval más famoso del mundo, recorrí de nuevo con los dedos la sedosidad de las vaginas florales en el orquidario del Jardín Botánico carioca y el tacto me devolvió la sensación de un recuerdo.
Aquella ciudad y yo mantenemos el candor de creer en el futuro sin ocultar la crueldad de la batalla desencadenada entre la alegría y el descrédito. Ella y yo seguimos esperando que es produzca un golpe de suerte, un arrebato evolutivo, un carnaval concluyente, un plenilunio estable, una actuación de João Gilberto como las de antes.
En unas pequeñas galerías comerciales vi una tienda de modernos objetos de diseño brasileño. Uno de aquellos objetos era un imán de nevera que me llamó la atención por la capacidad de síntesis a la hora de proclamar mediante un grafismo atractivo “De perto ninguém é normal” (De cerca nadie es normal). Lo compré por pocas monedas y todavía lo conservo.
La frase procede de la canción de Caetano Veloso "Vaca profana". El cantante la convirtió en expresión corriente, traducida en carteles y adhesivos de diseño. La grabó primeramente Gal Costa en el disco de 1984 “Profana”, dos años antes que el propio autor en el disco “Hotel Copacabana”. El estribillo o refrán de la canción repite en catalán la frase “Orxata de xufla, si us plau", escuchada por Caetano Veloso durante unanoche de farra en la Rambla de Barcelona en compañía de Francesc Pi de la Serra y Pau Riba.
Cuando residía exiliado en Londres frecuentó Cataluña, primero como invitado en el Ampurdán del realizador Glauber Rocha, quien rodaba en Sant Pere de Roda la película Cabezas cortadas. Más adelante declaraba Veloso: "Aun me siento catalán. Pese a que los creadores del tropicalismo seamos Gilberto Gil y yo, el cantante más tropicalista que conozco es Pau Riba”. 
Miro con frecuencia en la puerta de mi nevera el imán comprado en Rio, con la frase que sigo encontrando exquisita, antológica, dotada con la grandeza de la simplicidad, el arte socarrón del desconcierto inteligente, el latigazo de las turbiedades alternas del clima tropical. El otro día la entrevista de contraportada del diario La Vanguardia se titulaba “Si todos fuésemos normales, la humanidad desaparecería”, según el psiquiatra neoyorquino Andrew Salomon, ganador del National Book Award por el libro recién traducido El demonio de la depresión. Caetano Veloso lo expresó en una corta frase milimétrica muchos años atrás, y con música.

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