12 mar. 2015

El monumento tardío a Gaziel y el tempranero a Josep Pla en sus villas natales

El Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols ha anunciado que dedicará con algo de retraso, cincuenta años después de su muerte, una estatua en bronce al periodista y narrador guixolense Agustí Calvet (1887-1964), más conocido por Gaziel. La pieza de tamaño natural representará al escritor sentado en un punto aun por determinar del afortunado paseo marítimo de la villa y será obra del escultor local Gerard Mas. La figura y los libros de Gaziel han recuperado durante las últimas décadas el espacio que no deberían haber perdido, si Gaziel no hubiese sido expulsado de mala manera de la dirección del diario barcelonés La Vanguardia, que ejerció de 1920 a 1936, y condenado al exilio interior. Originario de Sant Feliu de Guíxols,
emigró a la edad de seis años con la familia a Barcelona, donde se crió y desarrolló su trayectoria.
La revaloración del legado periodístico y literario de Gaziel ha llevado inevitablemente a comparar-o con su coetáneo y vecino de Palafrugell, Josep Pla, de una proyección pública bastante más acentuada. Josep Pla no tuvo que esperar cincuenta años para disponer de un monumento público en la villa natal. Le fue erigido en 1984 por iniciativa municipal en la plaza del Ayuntamiento palafrugellense (concretamente en la Avenida Josep Pla y frente a la entonces Casa de Cultura Josep Pla), a raíz del tercer aniversario de su fallecimiento, no sin controversia. 
El conjunto escultórico diseñado por el artista mataronense Manel Cusachs es una mole de 18 toneladas de granito y mármol con busto del escritor y sirena alegórica en bronce. La concejal del PSUC y sobrina del escritor, Anna Vila Pla, declaró a la prensa que el monumento li parecía una “collonada”, que su tío se habría opuesto a la iniciativa y que al municipio tenía cosas por arreglar más importantes con los 3 millones de pesetas que costó el monumento. “Está muy bien que en Palafrugell se le haya dedicado una avenida, también encuentro muy bien que exista una biblioteca con su obra y su nombre, aunque no funcione adecuadamente. Pero un monumento es faltarle al respeto y, si pudiese, lo impediría. ¡Lo que hacen es un búnker! Un monumento no hace ningún favor a nadie y menos a una persona que siempre ha luchado en contra de estas manifestaciones”, añadió la concejal y sobrina. 
Josep Martinell, amigo del escritor y miembro de la comisión que resolvió el concurso de ideas a favor del proyecto del escultor Cusachs, salió en defensa de la iniciativa, con conciencia del peligro local que entrañaba su pronunciamiento: “Ser el primero en defender sobre el papel de una forma oficial el monumento comporta el mismo riesgo que tirarle la primera piedra. Hasta hoy las piedras han sido verbales y las palabras, como todos sabemos, se las lleva el viento. Pero como la obra del escultor Cusachs se defienda por sí sola, el riesgo queda aliviado y atenúa el sentido del ridículo tan afinado que solemos tener los ampurdaneses”. 
En la actualidad el monumento a Josep Pla en la plaza del Ayuntamiento de Palafrugell ya no altera a nadie y lleva una vida lánguida, rodeado de chiquillos que juegan y algunos jubilados que toman el sol sin hacerle caso. El simple mérito de existir, desde tres años después de su muerte, debe ser la principal relevancia del controvertido conjunto escultórico.

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