10 mar. 2015

El ónix del pabellón Mies van der Rohe refleja en Montjuïc una historia

Podría escribirse una novela sobre el esfuerzo que costó extraer, trasladar e instalar estas monumentales lastras o losas de ónix de mármol (a la derecha de la foto). Forman parte de la reconstrucción exacta realizada en 1986 del pabellón alemán diseñado por el eminente arquitecto Ludwig Mies van der Rohe en la Exposición Universal de Barcelona de 1929, en el mismo emplazamiento de Montjuïc y con los mismos materiales, ahora nuevecitos. Actualmente el ónix se explota más como piedra semipreciosa de cuarzo microcristalino (una variedad del ágata) para la
joyería que en la versión calcárea relativamente emparentada de mármol de revestimiento.
Subsisten pocas canteras de mármol de ónix en el mundo y los reconstructores del pabellón Mies van der Rohe barcelonés (dirigidos por los arquitectos Fernando Ramos, Ignasi de Solà-Morales y Cristian Cirici) tuvieron que recorrer a la experiencia profesional del marmolista de Granollers de tercera generación Jordi Marqués para explorar –infructuosamente-- las posibilidades en las de Bagno di Tivoli al sur de Roma (donde solo consiguieron el mármol travertino) y las legendarias de Carrara (donde encontraron el mármol verde). De bloques de ónix con las dimensiones deseadas, ni rastro. 
Les mandaron a Egipto, sin suerte. Tras numerosas gestiones localizaron una antigua cantera de ónix semiparalizada en la localidad argelina de Bou-Nifia, 100 km al sur de la ciudad de Orán. Desde antes de la independencia del país en 1962 la empresa no exportaba un bloque de ónix como el que encargaron desentrañar de la montaña los compradores barceloneses. Tenía 3 m de largo por 1,70 m de alto y 1,20 m de grosor, tallado expresamente en la montaña de la antigua cantera. El bloque viajó de entrada al puerto de Orán, acto seguido al de Marsella y finalmente a Barcelona. 
El escuadrado previo se realizó en un taller de Sant Andreu de la Barca, los acabados decisivos de las lastras en el taller de Granollers. El marmolista Jordi Marqués se mostraba convencido de que las lastras de ónix utilizadas en 1929 por Mies van der Rohe procedían con toda probabilidad de la misma cantera argelina. 
La reconstrucción exacta del pabellón se inauguró el 2 de junio de 1986. Simbolizaba el empuje preolímpico de Barcelona, dirigido en el aspecto arquitectónico y urbanístico por Oriol Bohigas y su nutrido equipo de “gold pencils”. Para ellos el patriarca del movimiento moderno de la Bauhaus y autor de la consigna “Less is more” constituía un referente, pese a que la célebre silla “Barcelona” que diseñó y bautizó Mies van der Rohe no correspondiese a una influencia muy sensible en la ciudad, donde los arquitectos innovadores seguían más bien la escuela francesa de Le Corbusier. 
La reconstrucción del pabellón de 1929 con idénticos materiales nuevos dio pie a la creación en Barcelona de la Fundación Mies van der Rohe. Entre otras actividades, otorga cada dos años el concurrido premio internacional de arquitectura del mismo nombre, concedido por un jurado de especialistas de todo el mundo. 
En la actualidad el pabellón reconstruido es de visita pública. Se pueden acariciar con la yema de los dedos las prodigiosas vetas petrificadas y pulidas del mármol de ónix,  la vibración de un lujo natural y austero, la efusión de una materia orgánica inerte aunque no inanimada (sin ánima) ni insensible, desplegada en unas dimensiones excepcionales que viran sutilmente de tonalidad con el cambio de la luz natural de cada día, como fecundadas por la determinación y el sudor que costó encontrarlas, trasladarlas e instalarlas en un espacio abierto con vocación de recuperación de una historia. El contacto con la belleza agrega humanidad, lleva a pensar, respirar hondo y elevarse un  poco.

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