21 mar. 2015

Enrique Cadícamo, el letrista de tangos que escribe cada día mejor

El compositor, pianista y contrabajista argentino Jorge Sarraute y su mujer Montse Pons organizaron ayer en su casa un encuentro de amigos para homenajear al poeta y letrista de tango Enrique Cadícamo, con el acompañamiento al bandoneón de Carlos Morera y los poetas Lito Sember y Jonio González en el recitado. Me pidieron que preparase unas palabras sobre el vínculo de Cadícamo con Barcelona y dije lo siguiente: “En algunas épocas viajaba regularmente a Argentina y a mi regreso echaba de menos al tango. La estratagema de compensación adaptada a mis posibilidades consistió en dedicarme a estudiar la historia del tango en Cataluña y España, de modo que publiqué tres o cuatro libros sobre el tema. La principal sorpresa fue que la
historia del tango aquí es mucho más densa de lo que podía imaginar. De entrada comprobé que un ilustre poeta y letrista de tangos llamado Enrique Cadícamo –autor de temas tan famosos como “Pompas de jabón”, “Anclao en París”, “Los mareados”, “Nostalgias”, “Madame Ivonne”, “Garúa”, “Niebla del riachuelo”, “Muñeca brava”, “Por la vuelta” o “Che, papusa, oí”— calificó textualmente a Barcelona de “tercera patria del tango”, después de Buenos Aires y París, por el auge que vivía aquí el género cuando el viajó en 1928 y 1931.
Esa capitalidad mundial se debía a dos razones muy concretas. En primer lugar, el puerto de Barcelona era escala obligada de los numerosos músicos argentinos que se dirigían a París a través de las líneas marítimas de pasajeros, único medio de comunicación existente por aquel entonces entre el Río de la Plata y Europa. Sus escalas portuarias se convertían fácilmente en actuaciones en los escenarios de la capital catalana. 
El segundo motivo asociado a la condición de Barcelona como tercera patria del tango era la estrecha conexión que mantenía esta ciudad cosmopolita con las modas de París, gracias sobre todo a la rápida y moderna conexión ferroviaria directa inaugurada en 1878 y al afrancesamiento tradicional de las elites sociales y culturales catalanas. En Barcelona triunfó pronto el tango porque era una moda consagrada en París. 
El poeta y letrista de tangos Enrique Cadícamo nació el año 1900 en Luján, provincia de Buenos Aires. A sus 28 años, en 1928, desembarcó por primera vez en Barcelona con un objetivo mucho más preciso que el carácter mítico del viaje a Europa: intentar cobrar los sustanciosos derechos de autor que ya proporcionaba la interpretación de sus tangos por parte de distintas orquestas en Barcelona y España en general. Enrique Cadícamo fue uno de los primeros letristas argentinos que pudo vivir de escribir tangos para la moda nacional e internacional, que entonces se hallaba en un punto culminante. 
Compartió el viaje de 1928 a bordo de transatlántico Conte Rosso con los músicos contratados por el pionero cantante argentino Pancho Spaventa para hacer frente a la competencia en los escenarios catalanes de la legendaria orquesta argentina de Irusta, Fugazot y Demare. Poco después de instalarse Cadícamo en el prestigioso Hotel Oriente de la Rambla barcelonesa, desembarcaba la orquesta de Cátulo Castillo. 
“Con esta orquestra –escribió Cadícamo en el libro Mis memorias-- eran tres las que actuaban en Barcelona con satisfactorio éxito. A éstas se agregó otra nueva que terminaba de arribar de Buenos Aires, denominada Los Ases, de cuyos componentes recuerdo tan solo al cantor Juan Giliberti. Barcelona era la continuación de nuestra calle Corrientes. Todo lo que fuera argentino era de moda”. 
También escribió Cadícamo crónicas de su viaje en el diario porteño Última Hora con la euforia del descubridor: “De un tiempo a esta parte, España está resultando la América de los argentinos que se dedican a la música criolla. Aquí hay ambiente para la canción argentina”. 
Durante aquel primer viaje de 1928, Cadícamo se desplazó de Barcelona a París para seguir los pasos de Carlos Gardel e intentar introducir sus letras en el repertorio gardeliano, lo que significaba multiplicar los réditos de los derechos de autor. Lo logró. Carlos Gardel llegó a interpretar hasta 23 letras de Cadícamo durante la década comprendida entre el estreno de “Pompas de jabón” en 1925 y la trágica muerte del cantante en 1935. 
Precisamente para ofrecérselo al tanguista argentino más internacional, Cadícamo escribió el año 1931, durante otro de sus viajes a Barcelona, el famoso tango “Anclao en París”, musicado por un de los guitarristas que acompañaba a Gardel, Guillermo Barbieri. 
Enrique Cadícamo recordaba en sus memorias: “Recibí una carta de Barbieri desde Niza, donde me contaba el gran éxito que había tenido Gardel en el casino de Cannes. Esa misma noche, en el grill del Hotel Oriente, donde me había hospedado en el viaje anterior y en esta oportunidad, pedí papel y sobre de avión para contestar a Barbieri. En lugar de redactar la carta me puse a fumar pensando en otra cosa. Mi imaginación voló a Montmartre, donde había visto a algunos compatriotas aventureros anclados. Aquello podía ser un tema para la letra de tango que me había mandado pedir Barbieri desde Niza. Pedí café doble y coñac, encendí mi enésimo cigarrillo turco y me puse a escribir los versos de un solo tirón, en menos de una hora. Los había titulado ‘Anclao en París’. Al día siguiente se la envié por avión a Barbieri”. 
El éxito se produjo. Carlos Gardel grabó “Anclao en París” aquel mismo año 1931 en la capital francesa, primera de las incontables versiones que conocería este tango por parte de numerosos cantantes hasta hoy. 
Un año después de escribir su primer tango “Pompas de jabón”, Cadícamo había publicado en 1926 su primer libro de poesía, Canciones grises. Además de letrista, poeta y cronista, fue efímero director de cine, guionista y actor. Tras vivir en primera línea todo un siglo de tango, falleció ocho meses antes de cumplir los cien años de edad, el 3 de diciembre de 1999 en Buenos Aires. 
Los tangos de Cadícamo han sido grabados por una infinidad de artistas, pero es probable que muchos de quienes nos encontramos hoy aquí no los escuchemos más con la vibración, el talento y la vida que les ponía la cantante Elba Picó. 
Nada más, muchas gracias”.

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