7 abr. 2015

Pregunta a Ana Rossi: ¿por qué no aparecen nuevos cantantes de boleros?

El lanzamiento del nuevo disco del popular grupo barcelonés Macaco (integrado por músicos de distintos orígenes que cantan en catalán, castellano, inglés, portugués, francés, inglés e italiano) pone de relieve la buena salud de la fusión musical entre el Mediterráneo y Latinoamérica. Incluso parece acercarse (muy relativamente) al bolero con el tema “La distancia”, lo que ha llevado al bandleader Dani Carbonell a defenderse en las entrevistas de promoción con la afirmación: “El bolero es pop”. Yo diría más bien que es popularísimo y lo fue más aun como balada bailable nacida en Cuba y México. Sus músicas y sus letras marcaron una época. Después se mediocrizó, como un molde repetido sin talento. De vez en cuando emerge
por sorpresa allí donde menos se le esperaba, como un submarino extraviado en plenas facultades, para demostrar el carácter vivaz de un género afortunado de la cadena de la evolución musical. Fue el caso de los inolvidables “Free boleros” de Tete Montoliu y Mayte Martín, un trabajo de culto editado en CD en 1996.
Quienes tengan corazón de amianto, ignoren la categoría moral de las pasiones y ya no sepan dónde hallar la carne tibia de algún día, pensarán con desdén que los boleros son baladas de sacarina despachadas con cuatro tópicos románticos sobre las palpitaciones humanas, pero se equivocarán de lleno a propósito de la pulpa del asunto. Algunas de las mayores verdades de la vida y las más sólidas fulguraciones del amor y el desamor se han forjado en la ebanistería de las letras de los boleros. 
En realidad las únicas descripciones del amor que alcanzo a entender un poquito las he encontrado en los boleros, mientras que las otras me suelen parecer elucubraciones desorbitadas o bien poesía escolar. El bolero es un género mayor, de una altura irrevocable a la hora de describir en tres o cuatro minutos cómo se articulan y acompasan los enigmas, los combates y las melancolías de la belleza y el mal, el impulso y la desposesión, la ternura y la fiereza, la rectitud tan curvilínea de algunos lujos del espíritu, la sustancia de aquellos instantes sobresaltados por la intensidad del deseo.
Los tesoros de la flor carnosa del bolero aun son capaces de hacernos bailar con un palo de escoba a quienes gozamos de la ventaja de tener una edad, porque formulan aquellos sueños que no son espejismos a propósito de las formas cambiantes de la pasión y expresan con la infinita variedad del diapasón emocional los laberintos del sentimiento, el viento del deseo, el desierto de la pena, la batalla  entre el azufre y el jazmín, entre la tiniebla y la belleza, en definitiva algo sagrado que no encajaría nunca en una sacristía.
Muchas veces los boleros nos leen los ojos, articulan desde el subsuelo del corazón el suspiro más íntimo y rescatan la emoción más viva, lejos de la lánguida elegancia atribuida al paso del tiempo, la ceniza  de los recuerdos, la quincallería embalsamada de la nostalgia, las naturalezas muertas y los salones prusianos, sin omitir por ello los acentos alternos y los matices tensos del carnaval de la vida. Los boleros son una dimensión del alma, no solo una pauta estética. En los boleros subyace el fulgor de una cuestión moral.
La inmortalidad del bolero volvió a ponerse de manifiesto en 2013 con el liderazgo en las listas discográficas del grupo Café Quijano y su álbum “Orígenes”, formado por 11 boleros inéditos, escritos por Manuel Quijano, uno de los tres hermanos que integran el trío leonés. El mérito de tratarse de boleros inéditos y contar con la colaboración vocal del maestro Armando Manzanero en uno de los temas no fue suficiente para garantizar el resultado. Los temas y los arreglos no iban más allá del estilo ya asentado por el trío Los Panchos muchos años atrás. En cambio Mayte Martín recurrió al repertorio clásico en su disco del mismo año “Cosas de dos. Boleros y otras canciones de amor”, con un impacto que brilló de nuevo con luz propia. No renueva el bolero ni se convierte en bolerista quien quiere. 
Sin embargo el caso de Mayte Martín no puede revertir por sí solo la escasa renovación del bolero durante las últimas décadas, la carencia de nuevos compositores e intérpretes que le hagan ganar el relevo generacional, el poder de metamorfosis de la capacidad creativa como a otros géneros de la música popular. “El bolero es pop”, dice ahora Dani Carbonell, del grupo Macaco. No basta con afirmarlo, debe demostrarse en el terreno poético y musical. 
¿Por qué no aparecen nuevos cantantes de boleros con el talento que se había prodigado en este género? Una joven y dotada cantante argentina de Barcelona, capaz de dar inusitado vuelo a un tango gastadísimo como “Nostalgias” (con la complicidad de Marcelo Mercadante y Gustavo Battaglia, en la foto adjunta), está especialmente habilitada para contestar. De momento el jueves 23 de abril presenta en la sala barcelonesa Jamboree su último disco “Del ancho río”, acompañada por los dos músicos que acabo de citar. No pienso perder la fe.

1 comentarios:

  1. Hola, muy interesante el blog, di con este blog buscando una cancion de chelo silva que un compañero me pidio afanosamente pero que por desgracia no encuentro, la cancio se llama "como agua y aceite" la encuentro con otros cantantes pero a la fecha no se si esta cancion existe con chelo siva ó mi amigo la esta confundiendo, me podrian ayudar? gracias

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