15 may. 2015

El encuadre de la foto tomada por el amable camarero en los Jardines Égalité de París

Esta foto ha sido tomada por un camarero amable de París (algo que no suele encontrarse) en el Café du Théâtre con ventanales asomados a los mal llamados Jardines del Palais Royal, que en realidad deberían llamarse Jardins Égalité. El bar-restaurante ha sido redecorado con un panel mural de Molière en honor a que este autor y su compañía trabajaron a partir de 1641 en la sala aludida en el nombre del establecimiento y que sigue abierta en los pisos superiores de la finca. Estos Jardines del Palais Royal son uno de los lugares más afortunados de la capital, pese a arrastrar un problema delicado y confusionario en el nombre: no son los jardines de ningún palacio real, sino una deliciosa plaza porticada en pleno centro urbano. Son más bien los Jardines del Anti-Palacio
Real, como se desprende de su historia y salta hoy a la vista en comparación con los delirios de Versalles o del Louvre, los auténticos palacios reales. Durante la Revolución se llamaron Jardines Égalité, sin embargo algunos aciertos duran poco.
La plaza porticada engloba en su limitado perímetro instituciones como la Comédie Française, el Consejo de Estado y el ministerio de Cultura. En alguna ocasión he conocido por dentro este ministerio. No recuerdo qué me condujo hasta ahí (el olvido es una de las virtudes más selectas de la memoria), tan solo que los ordenanzas de piel negra situados a la entrada y en los pasillos iban vestidos rigurosamente de frac y hacían bambolear la cola bífida de pingüino con admirable sentido de Estado. De la Comédie Française recuerdo más veladas y todavía las renuevo. 
Siempre que me encuentro en París acudo a los mal llamados Jardines del Palais Royal, uno de los puntos más evocadores y tranquilos del centro, a dos pasos literales del cafarnaún de la avenida de la Ópera y los grandes bulevares. En paralelo a las calles porticadas, la plaza ofrece en la parte central un ajardinamiento acogedor y mesurado, con cuatro hileras dobles de tilos de copa podada en rectángulo (los jardineros actuales lo denominan “à la marquise”, dentro de aquella permanente manía aristocrática). También brinda espacios de césped con abundantes flores y una fuente circular, rodeada de las características sillas metálicas gratuitas de los jardines parisinos (en las dos versiones de respaldo recto o bien inclinado como una hamaca). 
Cuando brilla el primer rayo de sol primaveral, las sillas se llenan de usuarios procedentes de las oficinas y negocios de los alrededores. El acceso relativamente escondido de la plaza no conduce hasta aquí a los grupos de turistas, otra virtud del más raro mérito en el centro de París, entre las variadas y sorprendentes calidades de este espacio destinado a quienes saben discernir los tesoros ocultos tras las apariencias y mistificaciones del nomenclátor. Es como un jardín cerrado abierto al público prevenido. 
El primer constructor de este espacio privilegiado fue el cardenal Richelieu. Encargó edificar el Palais Cardinal en 1628. A continuación fue por poco tiempo la residencia de la reina madre Ana de Austria y el hijo Luis XIV durante su minoría de edad (entre 1642 y 1652). De ahí le vino para la eternidad el nombre de Palais Royal. 
Una vez instalado en el trono, cedió la propiedad a su hermano Felipe de Orleans, quien más adelante ejerció de regente de Luis XV. El nieto Luis Felipe de Orleans lo convirtió en el anti-Versalles al acercarse la Revolución de 1789, que acabaría costando la guillotina a su primo Luis XVI y a él mismo, pese a haberse adjudicado el nombre revolucionario de Philippe Égalité tras la caída de la monarquía y el nombre de Jardins Égalité a la finca. 
Antes de subir al cadalso, Luis Felipe de Orleans había protagonizado la vasta operación de especulación inmobiliaria que convirtió esta propiedad en una moderna plaza de 180 soportales, separados por pilastras estriadas de capiteles corintios y rodeados de tiendas y viviendas de tres plantas, sobre un diseño del arquitecto Víctor Louis. En cada planta baja abrió una tienda o café. Añadió en una de las esquinas la sala de teatro que se convertiría en Comédie Française y en el ángulo opuesto el teatro del Palais Royal, de menores dimensiones (1.300 localidades), que también permanece en activo y acoge en la planta baja el café de la foto adjunta. 
La plaza pretendió ser el centro del comercio y la diversión de París. Lo logró en algún momento, con el florecimiento en paralelo del juego y la prostitución. Entre los establecimientos que aun operan figura el clásico restaurante de lujo Le Grand Vefour, que actualmente propone el menú de 298 € por comensal. En el Café du Théâtre de al lado el plato del día cuesta 15,50 € y el café 2,90 €, en mi caso con foto tomada por el amable camarero incluida. 
Tras la Revolución la propiedad fue restituida al hijo Luis Felipe I de Borbón, que se convirtió en el último rey de Francia entre 1830 y 1848. Una nueva revolución significó el saqueo de la propiedad y el cambio de nombre por el de Palacio Nacional. Tampoco duró, hasta recuperar el de Palais-Royal, cuando en realidad solo lo fue de forma muy efímera.
El nombre de Jardins Égalité estaría igualmente justificado por la historia, sería más original y republicano. Incluso me parece que embellecería la foto tomada por el amable camarero.

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