30 jun. 2015

El silencio y el peso de la última amante de Albert Camus

Albert Camus no era exactamente un Don Juan, más bien un apasionado coronado con el premio Nobel de Literatura. Al final tan prematuro de su vida, muerto en accidente de coche en 1960, a los 47 años, mantenía sin ocultarlo cuatro relaciones de pareja intermitentes aunque simultáneas y estables: su segunda esposa Francine Faure, la célebre actriz de teatro María Casares, la también actriz teatral debutante Catherine Sellers y la joven y bellísima estudiante danesa de 22 años residente en París, que él denomina simplemente Mi en sus dietarios, como última incorporación de la lista durante los últimos años de vida. Estudiaba dibujo, hacía de modelo, compartía con el escritor la admiración por el pintor renacentista Piero della Francesca y también era apasionada, con más
fuerza aun que él.
Sobre la pauta de los discutibles códigos culturales dominantes, los reiterados biógrafos del escritor dan mucha más extensión al aspecto literario y político de Camus que a su vida privada. Dejan constancia de aquellas relaciones de pareja multiplicadas, pero no las tratan como un hilo conductor tan determinante como los demás. 
La única pareja de Camus que no tiene nombre y apellido es Mi. Ha preferido no revelar su identidad cuando los biógrafos la han localizado con el paso del tiempo. En cambio los editores de las biografías han incorporado varias fotografías suyas, retratada en aquella época sola o en compañía de Camus. 
La joven y ferviente amante Mi también fue retratada literariamente por Camus, en el tercer volumen de los Carnets: “Respiraba como una nadadora y sonreía a la vez, después nadaba cada vez más de prisa hasta llegar con la boca abierta a una playa cálida y húmeda, sin dejar de sonreír, como si a fuerza de cuevas y profundidades el agua se convirtiera en su elemento y la tierra en un lugar árido en el que aquel pez empapado se ahogaba alegremente”... 
Los biógrafos y la consideración general han sido injustos con el papel y el pese específico de Mi. La caricia entre un hombre y una mujer es importante en cualquier biografía, su enlace físico significa uno de los momentos determinantes de lo demás. 
La joven Mi intuyó perfectamente que los biógrafos no lo entenderían, enrocados en aquellas pautas discutibles de los códigos culturales dominantes. Prefirió ceder la descripción de los hechos a los párrafos de Camus y dejar que traicionasen su silencio las fotografías. Me hubiera gustado disponer de su versión. Habría superado con mucho a la de los biógrafos y probablemente también a la de Camus.

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