28 jul. 2015

Consolación designa varias cosas y algunas consuelan admirablemente

El concepto de consolación se asocia hoy a unos artilugios de sex-shop, en cambio yo guardo el glorioso recuerdo de haberme consolado muy bien sin nada de eso en la austera hospedería de la ermita de Nuestra Señora de la Consolación de Collioure, donde los autóctonos celebran tradicionalmente romerías y comidas festivas gracias a su acogedora situación boscosa a escasa distancia del mar, especialmente en las fechas señaladas del 1 de mayo, el domingo siguiente al 15 de agosto y la fiesta patronal del 8 de septiembre. Antiguamente las ermitas solían incluir una pequeña hospedería a cargo del ermitaño o ermitaños. De aquellos días vividos en la ermita de Collioure, que
ostenta en su fachada con un punto de énfasis el nombre de hotel, he guardado de rebote un interés por la advocación y compruebo que en todas partes se venera a la Virgen de la Consolación, patronímico de las Consuelos.
Ahora también opera con el nombre de Consolación un hotel rural de lujo en Monroyo (Matarraña). En París me acojo a veces a la calma de la bellísima capilla neobarroca Notre Dame de Consolation (rue Jean Goujon nro. 23, cerca del puente del Alma), abierta todo el día y a veces con oferta de conciertos. He aprendido asimismo que Consolación es el título de distintos tratados filosóficos de Séneca, Cicerón, Plutarco y Boecio, así como un género de oratoria grecolatina destinado a confortar a los familiares en un funeral.
También es un género musical, en el que descollan las Consolaciones de Franz Liszt para piano (la nro. 3 constituye una pequeña joya, como la ermita de Collioure que ha constituido el detonante de mi curiosidad). Ah, La dame de Consolation también es el título de un “polar existencial” publicado en 2012 por el escritor perpiñanés Jean-Pierre Bonel. Verdaderamente, quien no se consuela es porque no quiere.

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