6 jul. 2015

Lo que aplaudo al aplaudir a Serrat, además de sus canciones

Ayer fuimos con mi hija a escuchar en el teatro Grec al Nano que lleva veinte años que diciendo que hace veinte años que tiene veinte años, tantos años y aun tiene fuerza y no tiene el alma muerta y nos hace hervir la sangre. Esta, sin embargo, no la cantó (foto de Quim Curbet, que se encontraba detrás de mi). Convertido en gran crooner de sus propios temas, acompañado en escena por músicos de gran solidez y rodeado de la estima de un público incondicional con motivos, escuchar en vivo todo un concierto de Joan Manuel Serrat sigue ofreciendo el intenso placer, íntimo y colectivo al mismo tiempo, del triunfo de un acto de justicia musical y poética. Arrancó con la estremecedora primera estrofa a capella de “Cançó de bressol”, compartió “Plany al mar” con Sílvia Pérez Cruz en el escenario, desgranó la mayoría de sus éxitos y concluyó con los “Cantares” de Antonio Machado como último de los bises. Asistir a un concierto de
Joan Manuel Serrat también es un espectáculo de conexión afectuosa con el público que se ha ganado a lo largo de cincuenta años justos de carrera.
Muchos miles de personas debemos a las canciones de Serrat haber revivido a lo largo de los años ese intenso placer, haber sentido al escucharle que aun tenemos fuerza, que no tenemos el alma muerta y que algunas cosas nos hacen hervir la sangre (aunque anoche esta no la cantase, todas no caben). Siempre le debemos algo a Serrat, ni que sea alguna de aquellas pequeñas cosas que hacen que lloremos cuando nadie nos ve. 
Una de las que yo le debo es haberme permitido encontrar en Argentina (en América Latina en general) el único lugar del mundo en que un catalán puede andar simplemente de catalán sin necesidad de más explicaciones ni precisiones. Allí lo sitúan perfectamente: "Ah, como Serrat". La cuestión queda entendida sin necesidad de los circunloquios que se imponen en otros continentes cuando la nacionalidad del visitante no corresponde exactamente a la de su pasaporte. 
El éxito de Serrat en América Latina y en todas partes no se ha basado tan solo en las canciones, también en una actitud de amistad demostrada con la gente de cada país. Para mucha gente Serrat es un cantante y un amigo de casa. En el concierto de ayer aparecieron entre el público dos pequeñas banderas uruguayas, que el cantante saludó. 
En los recitales multitudinarios de América Latina suele cantar alguna de las canciones en catalán. No se lo pide nadie, pero recurre a la amistad mutua para presentar, por ejemplo, la interpretación de "Pare", convertida de este modo en un clásico en tierras de habla castellana. Quienes a veces nos sentimos igual que él "latinoamericanos de Barcelona" topamos en cada esquina de aquellos países con motivos de gratitud hacia su talante, arriba y abajo del escenario. 
Joan Manuel Serrat ha situado en la conciencia de los habitantes de muchos lugares a una Cataluña amiga, risueña, luchadora, irónica y solidaria. Francamente, eso digno del más cálido aplauso, además de sus canciones.

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