11 ago. 2015

Pompeya: la ciudad inerte del pasado viviente, sobre el terreno

La fascinación que ejerce el yacimiento arqueológico de Pompeya no es extraña, tan solo algo morbosa. La ciudad romana mejor conservada, muerta y al mismo tiempo intacta, permite recorrer la vida cotidiana de la gente de veinte siglos atrás sin el más mínimo añadido ni reconstrucción, tal como la sepultó en pocas horas la lluvia de lava y ceniza del Vesubio el 24 de agosto del año 79 dC. Ningún otro yacimiento ha aportado tanta información directa sobre su pasado. Más de dos millones de visitantes anuales sienten en latido de la Pompeya inerte sobre el terreno, más ahora en que excavaciones y restauraciones se han visto relanzadas
con un poco más de empuje . Como si no tuviera bastante con ser el yacimiento más visitado de Italia (2,7 millones de entradas el año pasado), las exposiciones sobre los últimos hallazgos de Pompeya se multiplican por el mundo. Este año le ha tocado al propio yacimiento y al vecino Museo Arqueológico de Nápoles, que dedican hasta el próximo noviembre una exposición temporal a la influencia que la ciudad romana enterrada por el Vesubio ha ejercido en obras de arte de toda Europa, con piezas prestadas por múltiples museos.
En 1992 ya me sorprendió en Londres una exposición sobre Pompeya patrocinada por la multinacional IBM, con 200 piezas auténticas y, sobre todo, las por entonces innovadoras pantallas interactivas para recorrer virtualmente todo el yacimiento. En 2011 Pompeya volvió a sorprenderme como exposición temporal de amplio público en el Museo Maillol de París. En 2013 se desplegó de nuevo, simultáneamente, en el Museo Británico de Londres, el centro de arte Canal de Madrid y el Museo de Arte de Cleveland. 
Una capa de seis metros de ceniza sirvió durante siglos de sudario protector y permitió la prodigiosa conservación de la trama urbana con todos sus detalles, inclusive cuerpos humanos sorprendidos en el instante fatídico, moldeados en la lava petrificada. El rey borbón de Nápoles y Sicilia --futuro Carlos III de España-- encargó las primeras excavaciones al cuerpo de ingenieros del ejército español en 1748. 
Pompeya se halla bien comunicada con Roma y Nápoles. Desde la capital italiana, el tren sitúa cómodamente al viajero en Nápoles en una hora de trayecto. A continuación, los trenes locales y autobuses hasta la estación Pompei Scavi cubren el recorrido en menos de media hora. 
Los visitantes pueden contemplar el trazado viario de la antigua ciudad, las edificaciones y su disposición y decoración interior: circo, anfiteatro, casas de distintas clases sociales, tabernas, tiendas, talleres, lavaderos, termas y burdeles con las frases de promoción garabateadas en las paredes o los precios y anuncios de productos y servicios. 
Dos tercios de la ciudad permanecen todavía bajo la ceniza, tan solo se visitan 15 de sus 67 hectáreas. Más rico sería todavía su testimonio si no hubiera sufrido otro diluvio de fuego mucho más reciente, machacada por los bombarderos británicos y norteamericanos de las tropas aliadas el 24 de agosto de 1943, combatiendo una supuesta división panzer alemana agazapada entre las ruinas. Además de las destrucciones directas, las explosiones abrieron grandes boquetes en el terreno, dejando a la intemperie muros y frescos. Lo que el estrato de ceniza había conservado durante más de dieciocho siglos, la lluvia lo destruyó a continuación en pocos años. 
Desde 2006 Pompeya se encuentra hermanada con Tarragona, en el mismo empeño de hacer hablar a la ruinas romanas al mundo de hoy, con la ayuda asimismo de modernas exposiciones temporales.

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