18 ago. 2015

Un buen resumen escrito en la contraportada vale casi la mitad de un libro

El editor de mi próximo libro lleva meses reclamándome que le proponga un corto resumen de la obra para publicarlo en la contraportada, al lado de mis datos biográficos básicos. No he sido capaz de redactarlo hasta el momento, esperando que su generosa comprensión me libere de ello y acabe por escribirlo él mismo. Resumir un libro propio en cuatro líneas que resulten estimulantes al lector potencial es un subgénero literario que se me resiste por impúdico, un arte en que suelen descollar algunos redactores editoriales por encima del autor. Gracias a los textos de contraportada o de solapa escritos por colaboradores benévolos me he enterado en repetidas ocasiones de aspectos de mis libros que yo no había discernido con
suficiente claridad o que no se me habría ocurrido subrayar.
El último número del semanario francés Le Nouvel Observateur dedica cuatro sustanciosas páginas a analizar este arte de los resúmenes de contraportada de los libros, bajo el agudo título de “La rentrée literaria vista de espaldas”. Opina que “la contraportada debe atraer al lector, es una página de publicidad. Las funciones de este pequeño texto son numerosas y complejas: ha de resumir el argumento y a la vez indicar el género, enumerar los temas desplegados, resumir el propósito general y situarlo en el contexto del libro”. 
Hace tiempo que lo pienso. Por eso publiqué en forma de columna de prensa un elogio de los textos de solapa, a raíz del que redactó con toda probabilidad el editor Jaume Vallcorba para la recopilación de artículos de su colega Anton M. Espadaler en la editorial barcelonesa Quaderns Crema. Apunté en aquella ocasión: “Jaume Vallcorba me decía en una nota manuscrita de octubre de 1993: ‘Se hace difícil pensar que, en España, se puedan vender más recopilaciones de artículos que los de Monzó o [Fernando] Savater’. Ha hecho muy bien en cambiar de opinión y publicar los de Anton M. Espadaler, con las contraportadas que el profesor escribía hace un cierto tiempo en el diario Avui. Brinda una segunda oportunidad de leer una prosa periodística brillante, sobre la que el texto de solapa del libro acierta al decir: ‘Dos generaciones de universitarios recuerdan, con especial afecto, las clases del profesor Espadaler. No solamente por su capacidad científica y docente, sino también –y aquí sale a cuenta rememorarlo—por su fina ironía, capacidad de sugestión y convencimiento y amenidad irreductible. La que hoy presentamos es una selección de artículos periodísticos publicados durante un par de años en la contraportada del Avui, en los que el lector encontrará asimismo, precisamente, aquellas calidades, a las que deben añadirse las de agudo polemista, mordaz, cordial y bon vivant”. 
Aproveché la ocasión para escribir: “Me he permitido reproducir el texto de solapa porque es uno de los buenos artículos del libro. Respeta las normas del subgénero: decir verdades que lo parezcan, recalcarlo con frases subordinadas repletas de comas y conjunciones, superponer adjetivos laudatorios e hinchar la vela con pocas palabras sin que vire hacia el ridículo. No se precisan prólogos profundos, justificaciones espesas ni piruetas en escorzo. Apenas un buen texto de solapa, y la columna a pelo” (Avui, 25-7-1996). 
Un buen texto de solapa vale casi la mitad de un libro. Requiere utilizar el incensario con la naturalidad de una desmesura diestra y un punto de cinismo calibrado. Seguramente por eso me cuesta tanto redactarlos yo mismo.

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