22 nov. 2015

Bach y Yupanqui: dos inmortales sumados en la sobremesa de casa

Durante la sobremesa de la comida de amigos ayer sábado en casa, la bandoneonista alemana Almut Wellmann tuvo la gentileza de sacar el bandoneón de la funda y tocar para los comensales que estábamos las piezas de Johann Sebastian Bach grabadas en su disco del 2010 Bach y tango: el Preludio BWV 926, el Minueto BWV Anh. 114 y las Invenciones y sinfonías BWV 772. Las paredes de casa escuchan a Bach con cierta frecuencia, pero no interpretado en vivo al bandoneón, que suena como un órgano. Al ser inventado en Alemania no dejaba de ser un órgano portátil para celebraciones religiosas o bailes civiles que no pudiesen disponer de otro instrumento de mayores dimensiones. Su posterior desaparición de la circulación
en el país de origen y el triunfo en Argentina como instrumento característico del tango sigue siendo un enigma, una casualidad de la historia.
Es relativamente habitual que los maestros de bandoneón enseñen piezas de Bach a los alumnos como ejercicio de aprendizaje, por la excepcional disciplina lógica de su lenguaje. Astor Piazzolla declaraba que su primer profesor en Nueva York, Bela Wilda, le hacía tocar a Bach en el bandoneón. 
Almut Wellmann aprendió esas transcripciones de Bach en Buenos Aires del maestro Rodolfo Mederos. Por el contrario, ya no es tan habitual que las graben como hizo ella. 
Conozco pocos precedentes discográficos, tan solo el del prolífico bandoneonista noruego Arne Glorvingen, formado en París con Juan José Mosalini. En su disco del 2008 Virgin and Whore incluyó obras de Bach como el Preludio BWV 825, el adagio de la Sonata BWV 2018 y la Fuga BWV 865. 
En Argentina el virtuoso del bandoneón Alejandro Barletta interpretaba transcripciones de Bach, pero no sé que las grabara. Su discípulo uruguayo René Marino Rivero grabó en el disco de 1990 Che bandoneón la Tocata y fuga y el famoso preludio de la Suite nro. 1, grabado asimismo por el bandoneonista Hugo Díaz en el disco reeditado en 2010 Tango argentino. Pero son ejemplos casi de coleccionista, no de repertorio usual. 
Otros comensales de la comida, el actor Joan Anguera i la directora teatral Yvette Vigatà, unieron la grandeza de la palabra a la de la música recitando las Coplas del payador perseguido, de Atahualpa Yupanqui, como solamente los grandes actores y rapsodas pueden hacerlo. Las he escuchado en repetidas ocasiones en las sobremesas de los asados argentinos, también en Barcelona. Las tengo presentes en la voz de otros amigos. 
Recitarlas en esta ocasión por parte de unos talanca (un catalán, en argot “al resve”) podía parecer un pecado, una intromisión. Que digan lo que quieran, hay pecados e intromisiones no solo recomendables, sino irrenunciables. Las Coplas de Yupanqui, precisamente, dicen:

Yo sé que muchos dirán
que peco de atrevimiento
si largo mi pensamiento
pal rumbo que ya elegí,
pero siempre he sido ansí:
galopiador contra el viento.

No hay nada que encaje mejor con Johann Sebastian Bach al bandoneón que las Coplas de Yupanqui, dos inmortales sumados durante una sobremesa de amigos entre las paredes de casa, en vivo.

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