25 mar. 2016

La última sorpresa de las piedras milenarias de Sant Pere de Rodes

Acabo de recorrer de nuevo con amigos la belleza ciclópea de Sant Pere de Rodes, uno de los monasterios más antiguos y desconocidos de la vieja Europa, creado a finales del siglo IX en la cornisa montañosa asomada al Cap de Creus, en un cerro panorámico batido por la tramontana. Ejerció de señor feudal de toda la comarca durante siglos como centro de poder económico, político y religioso. Los últimos ocho monjes benedictinos lo abandonaron en 1798 y a partir de aquel momento se vio librado a la depredación de furtivos o no tan furtivos.  De 1972 a 1985 vivió en el monasterio el guarda Cinto Solanellas con su rebaño de ovejas, sin ningún medio de intervención. Sustituyó en el cargo al anterior vigilante, Pere Pascual, literalmente
fulminado por un rayo. El arqueólogo Miquel Oliva Prat lo excavó de vez en cuando, secundado por el joven Joan Badia i Homs, posterior autor de libros de referencia como L’arquitectura romànica de l’Empordà, en que profundizó algunas de las intuïciones de Alexandre Deulofeu en L’Empordà, bressol de l’art romànic.
En 1980 la titularidad del monumento fue traspasada del Estado a la Generalitat. Siete años después aun no disponía de electricidad, agua corriente ni servicios básicos, a pesar de que el público que pagaba la entrada y el parking ya alcanzaba 60.000 personas anuales y no paraba de crecer, sobre todo desde la apertura de la segunda carretera de acceso desde Port de la Selva. 
Las obras de restauración iniciadas en 1935 estuvieron paralizadas hasta 1992. El primer románico se quedó el último en rehabilitación, mucho más atrás que Ripoll, Poblet, Santes Creus o Sant Martí del Canigó y Sant Miquel de Cuixà en la otra vertiente de la misma cordillera. Los fastos oficiales del Milenario de Catalunya del 1988 no sirvieron aquí para nada. 
La restauración se llevó a cabo de 1992 a 1999, con polémica. Restauraron las paredes, pero el contenido expoliado se mantiene hoy en el mismo estado de dispersión que antes: en museos de distintos países y colecciones privadas. 
Las obras de restauración recibieron numerosos reproches de reinvención escenográfica. Un informe encargado por el Colegio de Arquitectos de Girona al director del máster de Restauración de Monumentos de la UPC, Salvador Tarragó, desacreditó los resultados tildándolos de nefastos, historicistas y desfiguradores, una mitificación grandilocuente del románico visto como “arte nacional de Catalunya”, en particular la reelaboración del claustro del siglo XIII con parches de materiales modernos. 
La administración pública invirtió mas de 700 millones de pesetas en la recuperación de la nave de la iglesia, el claustro superior, el antiguo hospital, la pavimentación del patio central, la adecuación del bloque de entrada y el palacio del abad. Mi última visita me acaba de poner al día de dos cosas: actualmente recibe 100.000 visitantes anuales y el flamante palacio del abad, veinte años después de rehabilitarlo como moderno centro de estudios y congresos y residencia de investigadores, sigue sin tener este ni ningún otro uso público.

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