15 mar. 2016

Ni Euroregión ni Eurodistrito ni nada que se le parezca


El interrogante incorporado al título "¿Es posible el Eurodistrito hoy?" presagiaba el balance desolador de la jornada organizada el 9 de marzo por la Fundación Catalunya Europa en el Empordà y la Universitat de Girona en el Museu Memorial de l’Exili de La Jonquera alrededor de un proyecto fallido y sin embargo crucial, un de los pocos planteamientos estratégicos de la Generalitat de las últimas décadas. La Euroregión Pirineos-Mediterráneo nació sobre el papel el 29 de octubre de 2004 como plataforma de cooperación política entre las autoridades regionales o autonómicas de Catalunya, Baleares, Aragón, Languedoc-Rosellón y
Mediodía-Pirineos. El camino para cohesionar a este potente “norte del sur” de Europa con visión de futuro i voluntad política resultó cortísimo, irrisorio, mientras Barcelona aun ejercía el atractivo derivado de los Juegos Olímpicos de 1992 y podía convertirse de facto en centro de gravedad y nudo estratégico de la única área capaz de dar a Catalunya la talla continental indispensable, la dimensión mínima competitiva, una zona de articulación económica extendida de Toulouse hasta Valencia, con 17 millones de habitantes en un radio de 350 kilómetros.
En 1991 Pasqual Maragall ya creó, bajo el liderazgo de la “diplomacia de las ciudades”, la asociación denominada C-6 entre los Ayuntamientos de Toulouse, Montpellier, Barcelona, Zaragoza, Palma de Mallorca y Valencia. Los alcaldes constataban entonces con euforia que representaban una de las regiones potenciales más extensas de Europa, justo detrás de lea dos grandes conurbaciones del South East alrededor de Londres y de Ile-de-France alrededor de París. Se las prometían muy felices con las nuevas vías de comunicación por carretera (el túnel del Puymorens se añadía al del Cadí), por via férrea (el proyectado TGV-AVE) y por via aérea (desregulación de tarifas y concesión de nuevas líneas). 
En 2006 se agregó una derivación: el Eurodistrito del Espacio Catalán Transfronterizo, formado por las comarcas de la demarcación de Girona y el Rosellón (1 millón de habitantes, 450 municipios). La nueva declaración oficial de principios era de nuevo teóricamente impecable, dentro del estilo adquirido: “Así, entre otros objetivos, se propone estructurar globalmente este espacio mediante la creación de un Eurodistrito, un organismo de gestión común a todas las instituciones de la zona, y que potenciará una unificación europea de proximidad, a escala local e intercomarcal”. 
El designio fue objeto de una nueva Declaración de Ceret, el 27 de julio de 2007, destinada a poner en marcha un Comité de Pilotaje encargado de estructurar jurídicamente el Eurodistrito. En una segundo encuentro en Girona del Comité de Pilotaje, en noviembre de 2008, se fijó el otoño de 2009 como fecha para concluir la redacción de los estatutos y la organización jurídica y financiera del nuevo órgano. No se ha hecho nada, a estas alturas se sigue ignorando el posible resultado de la iniciativa. 
A veces los gobernantes confunden su responsabilidad de gestión de las necesidades colectivas dentro de un tiempo y un espacio determinados con la función de centro de estudios destinado a proponer proyectos o con el de una corriente de opinión abocada a divulgar ideas. En realidad son misiones muy distintas. 
La amalgama conduce a la inoperancia en temas concretos que las autoridades deberían afrontar con un calendario previsible. A pesar de la importancia del planteamiento estratégico de principio, los resultados de la Euroregión y el Eurodistrito han sido nulos y no ofrecen indicios de enderezarse. La suma de las clases políticas regionales ha sumado bien poco en cuanto a acción conjunta.





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