2 may. 2016

Sábado por la noche en pie en la plaza de la République de París

 También publicado en Eldiario.es

El pasado sábado me encontraba en París y recibí a través de las redes sociales la convocatoria del movimiento Nuit Debout (Noche en Pie) en la plaza de la République, con el añadido de una nota de mi hija Helena  que me recomendaba: “No te lo pierdas”. Nuit Debout es el movimiento incipiente, magmático y balbuceante de ciudadanos indignados que se congregan en esta céntrica plaza, como los del 15 M lo hicieron en la plaza del Sol madrileña o la plaza Catalunya barcelonesa. La convocatoria parisina del pasado sábado, además de los debates habituales en el estrado situado a un extremo de la explanada, incluía el
segundo concierto simfónico-coral de la Orquesta Debout, integrada por músicos y cantantes profesionales o no.
Arrancó a las cuatro de la tarde con clases gratuitas de música para cualquier “citoyen debout” interesado. A les seis empezó la asamblea de músicos para discutir sobre el papel social de su oficio, a las ocho el ensayo y a las diez el concierto en el centro de la plaza. El día había sido lluvioso, desapacible y frío. A las diez había más 2.000 personas apelotonadas alrededor del monumento y más de un centenar de músicos con sus instrumentos y cantantes con sus partituras.
El programa del concierto estaba impecablemente escogido, aunque faltase Johan Sebastian Bach: el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, con su Himno a la Alegría extirpado por una vez a la institucionalización oficial y retornado a pie de calle En segundo lugar, el coro de los esclavos “Va, pensiero,” de la ópera Nabucco de Verdi, que sonó como debió hacerlo el día en que fue entonado por las masas corales en el entierro del compositor en Milán. Finalmente, el cuarto movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak, de una duración más trabajada por la improvisada orquesta. 
A pesar de las duras condiciones del aire libre y la aglomeración de músicos y público en plena calle, las tres páginas capitales de la historia de la música vibraron en la plaza de la République con mayor intensidad que en la sala dorada del Musikverein vienés o cualquier otro auditorio de prestigio. La imperfección de la ejecución conectó con el espíritu y la emoción de la partitura más que en muchos conciertos afinados. Como “bis”, repitieron “Va, pensiero” y los cantantes todavía añadieron “Bella Ciao”. 
El movimiento Nuit Debout se encuentra en pañales, como un neonato en la incubadora que acaba de pasar del estado de embrión a la vida y la lucha por la estabilidad y el crecimiento. Un concierto simfónico-coral de voluntarios, un sábado por la noche en la plaza de la République, también representaba una declaración de intenciones, como el propio movimiento. 
Los medios de comunicación mayoritarios le hacen el mínimo caso posible. A pesar de todo, la última edición recién impresa del principal semanario francés de información, Le Nouvel Observateur, era aquel mismo sábado todo un poema repetitivo para sacudir de la torpeza al desacreditado gobierno socialista del presidente Hollande, su vaciado de las ideas de izquierdas y la amenaza creciente del neofascismo del Front National. 
El primer párrafo del editorial que abre la revista afirmaba: “A un año de distancia de las elecciones presidenciales, la izquierda francesa se halla inmejorablemente situada para ganar el título de la más estúpida del mundo”. En las páginas interiores, una larga entrevista al diputado izquierdista Jean-Luc Melenchon le presentaba como candidato contra la casta. Pocas páginas más adelante, la historiadora Elizabeth Roudinesco argumentaba: “Nuit Debout es el espectro de la revolución que asedia las noches del capitalismo financiero arrogante y mundializado, en crisis desde 2008, y que ha creado los nuevos miserables Víctor Hugo. Nuit Debout es el signo precursor de algo que se prepara y que aun no ha terminado de alterar las noches tranquilas del orden establecido”. 
El pasado sábado la noche fría de la plaza de la République humedecía los ojos y a la vez calentaba la sangre de un modo sin duda incipiente, magmático y balbuceante, aunque bien vivo. El olfato de mi hija Helena me recomendó por whatsapp: “No te lo pierdas”.

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