12 jul. 2016

El Salón Torres García del Palau de la Generalitat debería cambiar de nombre

Un gobierno incapaz de encontrar un mínimo presupuesto para traer a Barcelona la gran exposición del MOMA neoyorquino sobre el pintor Joaquín Torres García, que ahora se visita hasta septiembre en la Fundación Telefónica madrileña y acto seguido en el museo Picasso de Málaga, no debería seguir exhibiendo en su sede oficial un Salón Torres García dedicado a los murales novocentistas del autor. Es la segunda bofetada resonante contra uno de los artistas más internacionales formado en Barcelona. La primera determinó su marcha, cuando el sucesor de Prat de
la Riba al frente de la Mancomunitat, Puig i Cadafalch, puso fin al encargo inacabado de los murales que encontraba demasiado modernos. “Me han despedido como a un criado”, manifestó el pintor.
Joaquín Torres García, nacido en Montevideo en 1874 de padre mataronense y madre canaria, vivió en Barcelona de 1891 a 1920. Aquí se convirtió en un pintor de referencia en estrecha relación con los movimientos de la época, antes de trasladarse a Nueva York, París y Madrid, y de regresar a Montevideo, donde murió en 1949. 
La iniciativa de gran exposición antológica por parte del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) contó des del primer momento con la colaboración del Museu d’Art Nacional de Catalunya (MNAC). Este ha tenido que renunciar a acogerla en Barcelona dentro de su itinerancia, por falta de recursos. El presupuesto del MNAC se ha visto recortado en un 40% por las administraciones durante los últimos ocho años. Madrid y Málaga han sabido sortear el obstáculo, Barcelona no. 
De este modo algunos de los monumentales murales de Torres García en el Palau de la Generalitat, como el de la foto adjunta, han sido cedidos por el MNAC y forman parte de la magna retrospectiva organizada por el MOMA, aunque el gobierno catalán no haya sabido encontrar la mínima partida presupuestaria para recibirla en Barcelona, como estaba inicialmente previsto. 
El Salón Torres García del Palau de la Generalitat debería cambiar de nombre, por la doble afrenta histórica. Podría llamarse con mayor propiedad Salón de los Tratos Incumplidos, por ejemplo, y de paso enriquecerse más aun con una réplica del Monumento a las Ilusiones Perdidas, del dibujante y escultor Toni Batllori, erigido recientemente en la Diagonal esquina Rambla del Poblenou.
Tampoco disponía de presupuesto, fue tallado en un bloque de granito de 15 toneladas gracias al mecenazgo inicial de 75 amigos a 200 € por cabeza. El coste final de 30.000 € fue aportado por siete empresas colaboradoras y donado por el artista a la oenegé Payasos Sin Fronteras.

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