1 ago. 2016

Celoso no lo creo de la “Guia sentimental de l’Empordanet” de Adrià Pujol

Comentar un libro recién publicado por un amigo ofrece dos posibilidades: alabarlo con los elogios habituales dentro de cualquier gremio (que algunos practican de forma automática y por eso creen sincera) o bien pasar la maroma como se pueda sin dejar de decir lo que se desea. Me dispongo a pasar la maroma a propósito de dos libros que han tenido la gentileza de enviarme: la Guia sentimental de l’Empordanet, recién publicada por Adrià Pujol en la editorial Pòrtic, así como 1001 curiositats de la Costa Brava, de Jordi Arbonès “Nif” en el sello Arca. No sé si me gusta el estilo literario de Adrià Pujol, aunque tal vez eso solo signifique que no es el estilo que yo practicaría y por lo tanto no tiene ninguna importancia. Tampoco pretendería nunca imitar el de Marcel Proust o James Joyce, sin dejar de reconocer su valor, y en cambio me parecerían más atractivos William Faulkner o Josep Pla. Es una
cuestión de libertad de gustos y afinidades electivas.
A los viejos racionalistas adictos a la lógica gramatical de sujeto, verbo y predicado, a la estructura narrativa ordenada y la inteligibilidad en general, nos cuesta un poco entrar en novedades de estilo o de planteamiento que deben ser prenda de renovación generacional indispensable y saludable. El libro de Adrià Pujol, como sus anteriores, lo he devorado de un tirón. Lo he anotado, arrugado, fotocopiado y aplaudido en la intimidad de casa. 
Otra cosa es que me haya gustado en el sentido de admiración incondicional, que no siento siquiera por Faulkner o por Pla. No se trata de si yo lo hubiese descrito de otra manera (ya lo hice en el libro de 1998 L’Empordà com un món, de Edicions la Magrana), dado que esta postura resultaría absurda. Se trata, simplemente, de opciones de estilo. 
El impacto de un libro depende en primer lugar de la calidad de sus páginas. En segundo lugar, de la plataforma editorial que lo ampara. En tercero, de su renta de oportunidad o las modas. Y así podríamos seguir en orden decreciente de múltiples factores. La Guia sentimental de l’Empordanet de Adrià Pujol recibe todos esos vientos de popa y es para celebrarlo. 
Para mi siempre será el libro que contiene el párrafo siguiente: “Palafrugell, si te quedases a vivir, se te comería el alma. Tiene el talante de los pequeños pueblos de la comarca –el aguijón del tedio, los pasatiempos estrambóticos, el chismorreo y la desertización mental-- con el inconveniente de que vive un gentío, razón por la que el estorbo de la letargia se acentúa fuera del verano”. 
No es el único arrebato destacable ni todo el libro va de ese tono, pero solo por este párrafo ya lo vale. Otra cosa distinta y sorprendente la apuntó ayer mismo en Facebook la responsable de la librería Cucut de Torroella de Montgrí, Maria Teresa Calabús, como comentario personal a una de las críticas sobre el libro, escrita por Cales Sapena en su blog: "Los editores de Pòrtic podían haber encargado esta guía a Febrés pero se debieron dejar impresionar por la coyuntura: el abanderado Sr.  Mas daba un paso al lado y dejaba paso a los jóvenes... de más de cuarenta años, emergentes y experimentales. Esta és la cuestión".
La librera añadía por su lado: “Aprovecho, señor editor, para hacer un apunte. Me parece que no es preciso comentar qué escritor o escritora podía haber escrito la guía sentimental del Empordanet. Xavier Cortadellas, Xavier Febrés, Vicenç Pagès Jordà, Antoni Puigverd, Núria Esponellà son autores fantásticos, entre otros. Me ha llamado la atención que se haya comentado con frecuencia esta cuestión. No creo que ninguno de los posibles autores haya pensado que les hayas descartado. Como dice Sam McBratney: ¡todos sois mis preferidos!”. 
Teresa conoce el ganado del gremio, aunque debo decir a mi no me ha llamado la atención que "se haya comentado con frecuencia tal cuestión". Seguramente porque vivo y trabajo alejado de los círculos literarios más conspicuos. 
En cuanto al nuevo libro 1001 curiositats de la Costa Brava, de Jordi Arbonès “Nif”, es aun más radical: excluye de raíz a la literatura y se basa en fichas informativas sobre tal cantidad de curiosidades. El mérito de la selección y la utilidad orientativa resultan indiscutibles, pero no impide que Jordi Arbonès “Nif” nos deja a deber otro de sus libros de poderosa literatura personal. El hecho de ser uno de los pocos habitantes del planeta nacido materialmente en Calella de Palafrugell es un rango inexorable aunque resida en Girona, del mismo modo que Adrià Pujol en Barcelona.
Tras devorar en paralelo ambos libros, me he levantado entumecido del sofá para ir hasta la balda del pasillo de casa, extraer un libro de lomo escarlata y leer a guisa de reequilibrio instintivo: “La carretera de Sant Sebastià [de la montaña de Sant Sebastià de Palafrugell] se convirtió en un pretexto de magníficos descubrimientos cotidianos. Un día, sin saber cómo, me encontré con un lápiz y un cuaderno en la mano. Empecé a poner adjetivos detrás de cada pinar, cada campo, cada trozo de mar. Traté de escribir los sentimientos que me producía la visión de la tierra diversa y el azulado mar extenso. Cada vez que empezaba esos ejercicios estaba dominado por una efusión ideal. No me enamoraré nunca tanto de ninguna diosa ni ninguna melodía como me enamoré de aquellas cosas. Cegado, creí que serían de posesión fácil. ¡Pobre de mi! A veces, a medio escribir la primera raya, ya rasgaba el papel. Lo volvía a probar... Y otra vez todavía. La desazón de la tentativa, una sucesión de estados de gozo aparente y desesperanza real colmaban mis tardes. Era que ya estaba tocado por el empeño pueril y ridículo de este oficio amargo".

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