21 ago. 2016

Todos los rusos que llegan a Catalunya se llaman Voevodsky

Durante los dos últimos años el turismo ruso en Catalunya se vio reducido a la mitad por la crisis de Ucrania y la devaluación del rublo. Ahora los organismos del ramo certifican que los rusos han vuelto al millón de visitantes anuales de esta nacionalidad, igual que la cifra alcanzada en 2013. En 1927 llegó uno solo a Calella de Palafrugell y mostraba exactamente la misma disposición a comprar y gastar como los de ahora. Nicolás Voevodsky Arapoff (en la foto) lanzó voces desde el primer momento: deseaba comprar los terrenos costeros de la localidad que le ofreciesen. De entrada no le creyó nadie. Entonces las “malas tierras” boscosas e improductivas del litoral no valían nada en
comparación con los terrenos cultivables de la segunda línea interior.
Pero Voevodsky cumplió, hasta sumar 17 hectáreas costeras en sus manos. En 1928 el Ayuntamiento de Palafrugell le dio la licencia de obras de lo que sería con el paso de los años el Castillo de Cap Roig. En 1929 el periódico local Baix Empordà ya hablaba de “la propiedad llamada del ruso”, tal como sería conocido hasta su muerte, sobrevenida en aquella misma finca en 1975. 
La novelesca historia de Voevodsky arranca con su nacimiento en 1888 en la corte zarista de San Petersburgo, hijo de un aristócrata que le envió de agregado a la embajada rusa de Londres al aproximarse la revolución bolchevique de 1917. Allí se convirtió en ruso blanco y se casó en segundas nupcias con la enérgica Dorothy Webster, artífice junto a él de la aventura de Cap Roig.
Los acaudalados rusos blancos de Londres y París soñaban con poseer una villa en la costa mediterránea, preferiblemente hecha a medida, igual que ahora. Nicolás Voevodsky se convirtió en promotor y arquitecto de esas villas y su mujer en decoradora y diseñadora de los jardines. Fue el medio económico para construir su propio Castillo de Cap Roig. 
Modelaron a partir de 1929 los destacados chalets de La Perica en el camino de Tamariu para Elizabeth “Bessie” Walker (recomprada en 1939 por Juan Mata Milá y su mujer Elda Peón Bolio), La Musclera en el mismo paraje para John Dickson-Poynder, sexto barón de Islington, aun habitada por sus nietos y bisnietos; el Castillo Madeleine en el paraje costero de Treumal (Calonge) para la actriz Madeleine Carroll, el chalet de Cala Seniá para lord Inskape (recomprado en 1941 por Luis Urquijo, marqués de Amurrio y puesto en alquiler en 1962 para Truman Capote mientras escribía la célebre novela A sangre fría), la casa del Cap de Planes del abogado Miguel Barella y su mujer Margarita Nonell, la ampliación de la Casa Verdaguer o Baños d’En Caixa en el Canadell de Calella de Palafrugell, y la Casa Audouard y sus arcadas características en primera línea del Port Bo. 
El jardín botánico de la finca de Cap Roig fue abierto por Voevodsky a la visita pública a partir de 1934. No pudo culminar el castillo hasta 1974, gracias al contrato vitalicio de cesión de la finca a su muerte a la Caja de Ahorros de la Diputación de Girona, actualmente absorbida por CaixaBank. Nicolás Voevodsky murió en 1975, Dorothy Webster en 1980.
Los actuales visitantes del jardín botánico o los asistentes al festival de verano conocen poco los orígenes de la finca, la procedencia del “legado de un sueño”, como titulé el libro que dediqué al “ruso” y la “rusa” que en 1927 llegaron a Calella de Palafrugell con la intención de comprar los terrenos costeros que les ofreciesen, y lo cumplieron. 
Ahora los rusos han regresado. El descomunal chalet en construcción que desfigura la cala del Golfet de Calella de Palafrugell y que ha provocado la campaña de oposición “Salvem el Golfet”, es de un propietario ucraniano que también ha encontrado con facilidad y rapidez quien le venda las tierras, al ladito del Cap Roig de los Voevodsky.

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