18 oct. 2016

Los caminos de ronda, una maravilla con tropiezos

Soy un ferviente adepto de los caminos de ronda de la Costa Brava, grandiosos en su humildad asomada a la gloria del paisaje de marina. Serpentean las sinuosidades de la costa con antiguas funciones de vigilancia, comunicación o contrabando, convertidos hoy en joyas del patrimonio natural por la belleza que brindan al caminante a la orilla del mar mientras le permiten vivir a ratos el sueño de la vida libre. No es lo mismo un paseo marítimo que un camino de ronda. Estos son las sabrosas pequeñas migajas caídas de la mesa del desordenado festín urbanístico litoral. Llevo décadas recorriéndolos con una emoción creciente y un ritmo de paso decreciente, sin pesadumbre alguna por los tiempos acelerados, en una especie de procesión
particular, expiatoria, jubilosa y sostenida. En 2009 les dediqué en El Periódico una serie veraniega en 14 capítulos, de Portbou a Lloret de Mar.
El gobierno tripartito de izquierdas de la Generalitat calificó a los caminos de ronda de "importante activo cultural y paisajístico" e invirtió entre 2005 y 2007 un total de 4,5 millones de euros para rehabilitar 16.513 metros en trece tramos de la Costa Brava, en paralelo a la tramitación parlamentaria de la Ley del Paisaje. Se atribuyó entonces al impulso del conseller de Política Territorial y Obras Públicas, el ex alcalde socialista gerundense Joaquim Nadal, y de su director general de Arquitectura y Paisaje Joan Ganyet, ex alcalde de La Seu d'Urgell. 
Las declaraciones oficiales ostentan una tendencia enojosa a la retórica, aunque de vez en cuando sirven. Hoy martes el pleno de la Diputación de Girona aprueba una moción de apoyo a la candidatura de los caminos de ronda de la Costa Brava como Patrimonio Mundial de la UNESCO. La iniciativa está impulsada por la veterana Asociación de Amigos de la UNESCO de Palafrugell, es decir por Josep Granés Presas, Enric Carreras Vigorós y Carme Llenas, que un día remoto de 1991 se conjuraron en defensa de los caminos de ronda en el hostal La Barraca de Llafranc. Sin su tarea tenaz algunos senderos que hoy todo el mundo recorre con deleite aun serían inaccesibles. 
En estos 25 años no todo han sido victorias, como las que pueden celebrarse con entusiasmo en el camino de Cala Guillola de Cadaqués, en el mirador del Putxet entre Cala Cristus y la playa de Torretes de Calonge o en el mirador de Ses Ànimes de Aigua-Xelida, antiguamente abandonados e impracticables por degradación o por barreras de fincas particulares. 
Los impulsores de Palafrugell tienen todavía mucha tarea pendiente en su propia casa, en las distintas playas de este municipio. El camino de ronda del Pinell en Llafranc, bajo el faro de Sant Sebastià de la Guarda, sigue desviado por el interior y cerrado en el acantilado por un propietario particular. El camino de ronda del Golfet, en Calella de Palafrugell, se encuentra interceptado por las obras de construcción del polémico chalet de grandes dimensiones. El camino de ronda de Cala Sorellera, entre Tamariu y Aigua-Xelida, sigue en peligrosas condiciones desde años atrás, a la espera de la expropiación de una pequeña porción de la finca privada colindante. 
La responsabilidad compartida entre ayuntamientos, Generalitat y dirección general de Costas del ministerio de Medio Ambiente no siempre significa una suma de esfuerzos, por culpa de eso se hallan a la espera otros tramos de particular belleza y acusado abandono, como el de Port Salvi a Cala Vigatà, que debe enlazar en condiciones practicables para todo el mundo las anfractuosidades del término de Sant Feliu de Guíxols con las de Tossa de Mar. o bien el tramo entre Cap Sa Sal y Sa Riera, en el fabuloso mar de Begur. 
La candidatura de los caminos de ronda de la Costa Brava a Patrimonio Mundial de la UNESCO será lenta. Prosperará o no prosperará (en la demarcación gerundense han sido rechazadas o aplazadas otras candidaturas: las ruinas de Empúries, la sierra transfronteriza de la Albera, el triángulo daliniano Figueres-Púbol-Portlligat). Sin embargo algunos viejos conjurados y muchos caminantes anónimos maravillados seguiremos defendiéndolos y recorriéndolos con clara conciencia del privilegio, a la espera de que las autoridades se pongan de acuerdo algún día de forma resolutiva y sobre el terreno, no solo con declaraciones de apoyo.

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