13 oct. 2016

Paul Léautaud, la influencia cada vez menos secreta sobre Josep Pla

La editorial Mercure de France acaba de editar el tercer volumen del Journal particulier de Paul Léautaud y se hacen eco inmediato los medios del país vecino, donde se le lee como un escritor de culto. Aquí ejerció una influencia directa sobre Josep Pla, pero no le conoce casi nadie. Josep Pla leyó a Léautaud de joven en París como cronista teatral de moda en la revista Mercure de France y también en la Nouvelle Revue Française. La otra vertiente de dietarista misántropo y libertino del autor francés estalló más tarde y atrajo asimismo al de Palafrugell. Los 19 tomos del Journal littéraire de Léautaud, publicados en París a partir de 1955, aquí no han sido traducidos. Escribió en paralelo otro Journal particulier, de carácter más íntimo, del que ahora
aparece en Francia el tercer volumen situado en 1936.
El junio de 1990 publiqué en mi columna del suplemento semanal de Cultura del diario Avui un artículo sobre la relación poco conocida entre Léautaud y Pla que decía: “El editor de Josep Pla intentó hallar en Buenos Aires por persona interpuesta las cartas de contenido erótico que el escritor de Palafrugell envió en su período de retour d’âge a Aurora, la misteriosa A. que cita 150 veces en Notes per a un diari, el dietario escrito de 1967 a 1968, aparecido en el volumen El viatge s’acaba. Habían convivido durante los años 40 en La Escala, antes deque la muchacha emigrase a Argentina. Las cartas no aparecieron. Es probable que aquel epistolario estuviese influido por las expansiones obscenas y complacidas del autor contemporáneo francés Paul Léautaud (1872-1956) en su Journal littéraire en 19 volúmenes, que Pla leía en aquel momento. Hasta hoy Léautaud ha sido conocido tan solo por una minoría de seguidores, a menudo fervientes”. 
Como impulsado per un resorte, Néstor Luján escribió la semana siguiente: “Me gustó mucho que mi admirado Xavier Febrés escribiese, una semana atrás y en estas mismas páginas, sobre Paul Léautaud y Josep Pla. Como es sabido, Xavier Febrés acaba de publicar una excelente biografía del gran escritor ampurdanés y parece querer profundizar en muchos aspectos, no solo de la vida íntima, sino de la obra literaria de Pla. Entre Pla y Léautaud, Febrés halla un paralelismo que hasta cierto punto es evidente, porque entre el gran tipo de Llofriu y el misántropo de Fontenay-aux-Roses hay muchos puntos de contacto superficiales y también literarios. Y aquí acaba la cuestión, creo yo. Paul Léautaud fue un anarquista irónico, rigurosamente pobre, polémico, impúdico, un virtuoso del epíteto y la injuria. Josep Pla era un conservador escéptico, creía en las antiguas formas de la convivencia con una vivacidad irónica y pesimista. Ambos tenían una vocación de vivir pobremente, pero Paul Léautaud era pobre como una rata, y Josep Pla, no. Febrés afirma que Paul Léautaud ha sido poco conocido entre nosotros. Si se trata de traducciones o aproximaciones a su obra lleva mucha razón. Pero en cambio la generación de escritores de Pla le conoció bastante: Josep M. De Sagarra, Joan Cortés, Sebastià Gasch, el propio Pla, lo habían leído y lo apreciaban. Al morir en 1956 escribí su necrológica en Destino y conocía a Léautaud gracias a mis amigos”. 
Por su lado, Josep Martinell escribió en Revista de Girona: “Léautaud lo apuntaba todo en su diario, minuciosamente. Es el secreto de su amenidad. Brevedad, las palabras justas. Siempre con un fondo de malicia y sinceridad. En 1906, cuando todavía coleaba el estilo hinchado de los simbolistas, de la literatura para lucir, escribe en el diario del 22-21-1906: ‘El verdadero talento literario es escribir los libros como se escriben las cartas. Todo lo que no sea así, es énfasis, retórica, afectación. Soltarse, no buscar las frases, reírse de la negligencia de estilo, etc.’. Eso lo escribió a principios de siglo. Josep Pla, veinte años más tarde, reacciona en Catalunya de una modo parecido contra la literatura hinchada de los Noucentistes (...) Cuando Pla escribe en Notes disperses, pag. 131: ‘Si pensamos que, pese a la enorme cantidad de imbéciles que hay en la gobernación de un país, se puede ir tirando, la sorpresa es permanente e inenarrable’. Esta frase podría muy bien haberla escrito Léautaud, porque hay coincidencias de criterio que no fallan. Vergés me decía con frecuencia que leyendo a Léautaud le parecía leer a Pla traducido al francés (...) Algo próximo a la certeza es la influencia de Léautaud en los últimos diarios de Pla”.
En efecto, se dan sorprendentes paralelo entre ambos autores, tanto en el estilo (admiración común por la escritura llana practicada por Stendhal) como en algunos aspectos de la vida solitaria de solteros o la inclinación mantenida por el erotismo en una edad avanzada. El estilo de Léautaud seguía una regla personal que solo podía entusiasmar a Pla: “Escribir como todos escribiendo como nadie”. 
El crítico literario Rafael Conte señaló en un artículo de 1989, con motivo de la aparición de una de las escasas traducciones al castellano de un libro colateral de Léautaud (Palabras efímeras, por Propos d’un jour): “Existe una mafia secreta de lectores repartidos por el mundo entero que comulgan en la devoción por la obra de Léautaud”. Subrayó su estilo “directo, sencillo y efectivo a la vez, atrabiliario y original, sorprendente, que en España solo podría compararse a los de Baroja o Josep Pla”. 
Una primera versión del Journal particulier 1917-1930 apareció en 1956 en dos tomos, publicados por Editions du CAP de Monaco en edición no venal, comercializada en 1989 por Mercure de France con el título Le Fléau, apodo de Plaga que el autor daba a Anne Cayssac, su fogosa amante a partir de 1914 y durante veinte años. La edición fue elaborada por la siguiente amante y pasión erótica del período de vejez, la bibliotecaria y escritora Marie Dormoy, gracias a quien se acabaría editando la mayor parte de la obra de Léautaud, en la que ella misma aparece en detalle y a veces de forma bien cruda. Se conocieron en 1933, cuando él contaba 61 años y ella 46. 
En vida, la producción de Léataud fue poco conocida, casi clandestina, con la excepción de los seguidores de sus crónicas teatrales en el Mercure de France, donde se ganó la vida como secretario de redacción durante cuarenta años. Salvo esa actividad, llevó una existencia misantrópica en el chalecito de las afueras parisinas de Fontenay-aux-Roses, lleno de animales domésticos. Eran la única relación directa que le interesaba, junto a la de sus amantes sucesivas. 
Tan solo al final, gracias a la obstinación de Marie Dormoy por editarlo, comenzó a aflorar una obra literaria de primera importancia, así como la súbita popularidad del autor. Su vida y sobre todo sus amores apasionados protagonizaron en 1990 la película Comédie d’amour, dirigida por Jean-Pierre Rawson, con el popular actor Michel Serrault como Paul Léautaud y Annie Girardot en el papel de la amante Marie Dormoy. Los diálogos del film estaban tomados del lenguaje directo del escritor en el Journal
El éxito en los cines la llevó al cabo de pocos meses a ser programada en televisión, cada vez con mayor sorpresa de crítica y público. Ahora, sesenta años después de fallecer, su lenta editorial de siempre publica el tercer volumen del Journal particulier y todos hablan de nuevo de Léataud, por lo menos en Francia.

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