30 nov. 2016

Cené con Roberto “El negro” Fontanarrosa en Barcelona, hoy le recordamos

Un día del año 2001 cené junto a otros amigos y conocidos en un reservado del restaurante barcelonés El Foro con el idolatrado dibujante y escritor argentino Roberto ”El negro” Fontanarrosa, que aquí conoce poca gente y en Argentina es como un dios, padre de personajes de tiras de cómic tan populares como el gaucho Inodoro Pereyra, Boogie el Aceitoso o el perro Mendieta. Los divulgó a partir de 1973 en la contraportada del diario Clarín, de Buenos Aires. La leyenda afirma que desde aquel día el diario se empezó a leer por la última página. El editor Oriol Castanys acababa de imprimir en el sello barcelonés RBA su libro de cuentos El mundo está equivocado y montó la
cena, a raíz de la presencia del autor. Para mi fue un día histórico, acompañado por Antonio Tello, Juan Carlos López, Rodolfo Sterpetti, Adolfo “Tano“ Volpe, Horacio Gaggioli y otros sudacas de Barcelona, que es el título de nobleza que nos damos aquí los oriundos y los adoptivos.
En cambio ”El negro” Fontanarrosa, poco amante de los actos de promoción, no abrió la boca en toda la cena, más allá de los comensales que le flanqueaban a derecha e izquierda: su amigo Joan Manuel Serrat y el portero del FC Barcelona Roberto “Tito“ Bonano, que anteriormente lo fue del Rosario Central, el equipo de la pasión militante del dibujante en su ciudad natal. No le escuché ni una palabra, pero eso carece de importancia. Yo he cenado con ”El Negro” Fontanarrosa en Barcelona. 
Después de aquella ocasión, no hubo más libros suyos editados aquí. A diferencia del compatriota Quino, padre de Mafalda, la inmensa popularidad de Fontanarrosa no traspasó fronteras del mismo modo, pese a que la hondura de su humor le convertía en un portavoz de la sociedad de su tiempo y un localista universal, como un Woody Allen o un Jaume Perich austral. Murió el 2007 en Rosario, a los 62 años.
Su enorme facilidad de expresión se traducía por escrito y en dibujos. En persona procuraba eludir las servidumbres de la fama. Si no podía evitarlo, era capaz de pronunciar un magnífico discurso en la más docta de las tribunas, como hizo a favor de las ”malas palabras” en el Congreso Internacional de la Lengua Castellana, celebrado a Rosario en 2004, ante las eminencias académicas del orbe hispánico. 
En general procuraba evitarlo. Afirmó: ”El ocio es la madre de todos los vicios, pero es una madre y hay que respetarla”. En otra ocasión sostuvo: “No me interesa demasiado la definición que se haga de mi. Me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: 'Me cagué de risa con tu libro'”. 
Hoy miércoles el consulado argentino en Barcelona inaugura una exposición sobre la obra del dibujante, auspiciada por la Secretaria de Turismo de Rosario, y mañana jueves organiza una mesa redonda en que participan Joan Manuel Serrat, el teniente de alcalde argentino-barcelonés Gerardo Pisarello, el ex futbolista Jorge Valdano, el poeta Edgardo Dobry y el periodista Pere Rusiñol.
Juraría que, si pudiera estar, ”El negro” Fontanarrosa no abriría la boca. Yo también le extraño intensamente.

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