19 nov. 2016

Vayan a ver el film sobre Unamuno desterrado en Fuerteventura

Se acaba de estrenar la película hispano-argentina La isla del viento, protagonizada por José Luis Gómez en el papel de Miguel de Unamuno. Relata los meses de destierro en Fuerteventura del rector de la Universidad de Salamanca, destituido y confinado por la dictadura militar del general Primo de Rivera por sus posturas antigubernamentales. Debería ser de proyección recomendada en todas las escuelas del país, sin embargo en la cartelera barcelonesa apenas la programa estos días el cine Maldà, hasta el próximo jueves, un solo pase al día. Los misterios de la distribución cinematográfica se asemejan a los de la economía global. Me apresuré a verla ayer viernes,
primer día de proyección. Éramos pocos espectadores en la sala.
La estancia forzada de Unamuno en Fuerteventura duró cuatro meses, como unas vacaciones pagadas. Indultado, se estableció en París y acto seguido en Hendaya, hasta la caída de la dictadura. 
Fuerteventura no era entonces ni es ahora un pequeño confetti insular, sino la segunda en extensión de las siete islas Canarias, aunque también la peor comunicada y desarrollada. Salvo los vuelos chárter, llegar a Fuerteventura sigue hoy sin ser rápido ni cómodo, en transbordadores procedentes de las otras islas o en vuelos que no son nunca directos. 
Esqueleto de tierra, la calificó Unamuno en uno de los artículos que escribió durante el destierro. Hasta 1956 su pequeña y luminosa capital, Puerto Rosario, se llamaba oficialmente Puerto Cabras. Hasta 1995 albergó una guarnición de la Legión. 
El hotelito con patio donde vivió Unamuno es, también desde 1995, museo a su memoria. En la acera se levanta su figura en bronce, tamaño natural, tipo maniquí. El hospedero que le alojó tuvo que llamarle la atención a raíz de las quejas de los vecinos porque tomaba el sol en la azota in puribus naturalibus. “Yo no les miro a ellos, que no me miren a mi”, contestó el primer nudista de Fuerteventura. 
La biografía de Unamuno sigue siendo una controvertida y aleccionadora historia de España. Bilbaíno de nacimiento, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y obtuvo por oposición una cátedra de Griego en la de Salamanca, de la que se convirtió en rector en 1901. Trece años más tarde el ministro de Instrucción Pública ya le destituyó del rectorado una primera vez, por aquellas posturas políticas antigubernamentales. 
En 1916 se vio condenado a dieciséis años de cárcel por injurias al rey Alfonso XIII, aunque no cumplió la pena. Durante la primera década del siglo mantuvo amistad y correspondencia con Joan Maragall, a lo largo de un epistolario que se encuentra publicado como muestra infrecuente de la voluntad de entendimiento entre España y Catalunya. 
En 1931, concejal electo del Ayuntamiento de Salamanca, proclamó la República en la ciudad y el nuevo régimen le restituyó en el cargo de rector. Sin embargo al inicio de la Guerra Civil se mostró favorable a los franquistas y lanzó un llamamiento a los intelectuales europeos para que prestaran apoyo a la defensa de la civilización occidental y la tradición cristiana. 
El gobierno de la República le destituyó por segunda vegada del rectorado, el gobierno franquista de Burgos le colocó de nuevo en él. La represión llevada a cabo por los franquistas en Salamanca le alejó de la simpatía inicial.
En octubre de 1936 presidió como rector el acto de apertura de curso académico, al que asistían destacados responsables del gobierno faccioso de Burgos, como el general José Millán Astray. Durante los discursos se produjo el célebre enfrentamiento. 
Miguel de Unamuno dijo: «Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana, yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es solamente una guerra incivil. Vencer no es convencer. Y es preciso convencer, sobre todo. Y no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión. Se ha hablado también de catalanes y cascos, gritándoles anti-España. Pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis...». 
Desde el público gritaron «¡Viva la muerte!”, lema de la Legión. El general Millán Astray, furioso, se sumó: «¡Muera la inteligencia!». Unamuno se alzó de nuevo: «Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España». 
Diez días después el general Franco firmó la destitución por tercera vez del rector de la Universidad de Salamanca. Murió en arresto domiciliario en Salamanca dos meses y medio más tarde, el último día del año 1936. 
La isla de Fuerteventura no dejó de ser utilizada como punto de destierro de disidentes. En 1962 aun confinaron ahí a varios participantes en el llamado contubernio de Munich contra el régimen franquista. Vayan a ver la película.

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