31 dic. 2016

Colonia desea ofrecer otra imagen por Nochevieja y yo me apunto

Un espectacular montaje multimedia se proyectará en Nochevieja sobre la fachada de la célebre catedral gótica de la ciudad alemana de Colonia y todos los edificios históricos del centro urbano. La iniciativa trata de contrarrestar las scuelas del último atentado de Berlín, así como la alarma social provocada por la aciaga Nochevieja anterior en Colonia, durante la que se produjeron 600 agresiones contra mujeres (en parte refugiadas recién llegadas), alrededor de la estación y la catedral. Tan solo se han investigado 73 presuntos agresores. Pocos han sido condenados a penas menores, por robo. La propia alcaldesa, Henriette Reker, ganó las elecciones el octubre anterior, al día siguiente de ser apuñalada en la calle por un
energúmeno neonazi que le reprochaba su apoyo a la política de asilo a los refugiados. Obtuvo el cargo desde la cama del hospital en que se recuperaba.
Colonia no es un municipio cualquiera. Con un millón de habitantes, representa la cuarta ciudad en dimensiones de Alemania tras Berlín, Múnich y Hamburgo. Su alcalde, Konrad Adenauer, fue presidente del país de 1949 a 1964.
Antes de visitar la ciudad por primera vez, pedí consejo al benévolo amigo germanófono Josep M. Carandell. Me contestó levantándose de la silla, sacando pecho y recitando con énfasis la traducción algo ñoña de Teodor Llorente de la estrofa de Heine:

El Rin sagrado desata su fabuloso caudal
y en sus márgenes de plata Colonia
copia y retrata su famosa catedral.

El Rin y la catedral de Colonia son fenómenos de una magnitud simbólica desacostumbrada, a los que se suma la restauración de todo el centro histórico después de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Aprovecharon para soterrar el tránsito rodado en la orilla del Rin, restituida a los paseantes, dentro de una auténtica mutación urbana en una ciudad histórica como nueva. 
El río navegable más importante de Europa occidental protagoniza el carácter de Colonia desde la época de la fundación romana de la ciudad. Hoy discurre por el centro con una placidez de gigante paternal, alterada en algunas ocasiones por las tensiones racistas. El espectáculo multimedia de Nochevieja encargado por el Ayuntamiento desea combatirlo con otra imagen de convivencia, modernidad y celebración cívica.
Cavilo que intenta ayudar a construir una identidad actual, vertebrar una vida en común y darle un sentido que no sea el de un pomposo castillo inhabitable, una luminaria pedante, una proeza de la xenofobia y la desigualdad revividas.
Supongo que desea empujar a desnudar la mirada ante el regalo de los dioses que es la dignidad ciudadana colocada por encima de la  erosión moral de la incomprensión, fomentar las pequeñas cosas plurales y mestizas de la vida que resultan commovedoras para quienes son capaces de fijarse en ellas sin pasar de todo, convertirlas en reflejo compartido que no precisa más que capturar la emoción de la realidad enfrentada al mal, entrar en complicidad con la calidad de los sentimientos frente a la geografía gélida de la mezquindad, celebrar la sencillez y la grandeza de la libertad y enaltecer el carácter que define a los humanos y al mismo tiempo les diferencia entre ellos, con la convicción de que es más importante el carácter frente a la riqueza, que la vida es corta y el amor es poco por razones difícilmente objetivables, en Colonia y en todas partes.
En este sentido, pues, me apunto: ¡Feliz año a todos!

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