5 ene. 2017

Tiene que haber de todo en el mundo, incluso partidarios del cielo empañado

En Lleida ciudad ayer batieron el propio record de tres semanas sin ver un rayo de sol por culpa de la niebla persistente. Sin embargo algunos sostienen que este fenómeno atmosférico tradicional no debe verse de forma negativa. La condensación de la humedad ayuda a fortificar las plantas de los cultivos y los frutales... Admito la libertad de pensamiento, reconozco que en cuestiones atmosféricas las predilecciones de la gente son muy variadas. Personas con gustos distintos de los míos califican de buen tiempo los días de cielo lacrimoso y lo hacen con una alegría eufórica, mientras blanden el paraguas a guisa de íntimo trofeo y se
enfundan la gabardina como un traje de gala.
Salen a la calle los días plúmbeos como si fuesen a un banquete: “Nice weather, isn’t it?”. Opinan que el clima mediterráneo tradicional de nuestro país es genuinamente africano o se aproxima mucho y detestan la claridad franca del sol como una grosería, por lo menos una incomodidad manifiesta. En el terreno de la dinámica atmosférica y sus efectos sobre los humanos, la pluralidad de opiniones resulta curiosísima.
He encontrado por la calle a un viejo conocido que me asegura, compungido, que no soporta más su cómodo destino laboral en Lleida por culpa de la niebla característica, la dama gris que lo cubre todo con un velo letárgico, un sudario que mata el grosor de las cosas y el relieve de las apetencias, un fenómeno plomizo que adormece al paisaje con una manta de indolencia y le tumba el tono vital. 
A otros, en cambio, la niebla les inspira. La consideran un atractivo local, un sello de distinción, la poesía del invierno. Una casa de turismo rural en Vila-sana (Pla d’Urgell) ha creado la página de Facebook consagrada a ensalzar la niebla, con el nombre “La Boira Turística de Ponent. “Nice weather, isn’t it?”.

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