14 feb. 2017

La energía eólica se queda sin aliento en Catalunya

Ayer salían fotografiados sonrientes en el diario los cuatro técnicos que han diseñado en un taller de Cerdanyola del Vallès una nueva generación de turbinas eólicas más ligeras y eficientes. Pobrecitos, no sé dónde piensan aplicarlas. En Catalunya el sector se encuentra paralizado desde la suspensión de primas a la energia renovable en 2012. El psaado año no se instaló ni un solo megawatio nuevo. Los planes oficiales de la Generalitat preveían que en 2020 Catalunya cubra el 20% de su demanda eléctrica mediante energia eólica, pero la realidad está muy lejos del objetivo. El papel lo aguanta todo, claro está, sobre todo el papel mojado. De momento Catalunya solo es la sexta
comunidad autónoma por potencia eólica instal·lada y tan solo el 0,48% de la electricidad que consume procede de aerogeneradores.
En el Empordà, palacio del viento, no hay ni un solo molino de energía eólica o aerogenerador. En el Rosellón, del otro lado inmediato de la frontera estatal, el mismo viento alimenta el mayor parque eólico de Francia, en los territorios solapados de los municipios de Calce, Baixas, Vilanova de la Ribera y Pesillà de la Ribera. De momento producen el 28% del consumo eléctrico del departamento de los Pirineos Orientales o Catalunya Norte. 
Para rematar la contradicción, el Empordà fue la comarca pionera en la implantación de energía eólica en España, con la instalación de una central en Garriguella el año 1984, fuera de servicio a partir del 1992. En 1990 entró en funcionamiento una nueva central eólica en Roses, con seis molinos, desmontada en 2007. 
Tras la presentación del mapa eólico de Catalunya en 2002 por la Generalitat, varios proyectos en la comarca generaron la oposición de ayuntamientos y algunos colectivos que alertaban de impacto ambiental y paisajístico. Siete parques eólicos recibieron autorización administrativa en el Empordà, pero no se construyó ninguno. 
El aprovechamiento energético del viento es una realidad desde el invento de la navegación a vela y el molino de aspas orientables para bombear agua o moler grano, mucho antes de la aparición de los motores. En 1980, cuando ejercía de corresponsal en Barcelona del diario perpiñanés L'Indépendant y aun no había surgido ningún molino de energía eólica sobre el mapa, publiqué una crónica sobre la conferencia pronunciada en el Colegio de Ingenieros de Catalunya por el profesor francés Lucien Romani, pionero en investigación eólica aplicada. El investigador del laboratorio de aerodinámica Eiffel de París llevaba más de cuarenta años experimentando con prototipos de aerogeneradores y trabajó para la compañía nacional de electricidad EDF. 
Le pregunté por la tramontana y me dijo: "Hace más de veinte años que se sabe que esta región es la más rica en viento potente. Me dediqué tiempo atrás a localizar aquí los terrenos adecuados para la instalación de aerogeneradores. Las posibilidades son enormes, pero sus aplicaciones no dependen de los investigadores, es una cuestión de decisión política”. 
Al año siguiente publiqué otra crónica en el diario L'Indépendant para anunciar que la compañía española ENHER había decidido experimentar con la energía eólica de la tramontana en el Pla de les Gates, en Roses, con un aerogenerador piloto de 33 metros de alto, tras intentarlo en la montaña cadaquesense del Pení, sin lograrlo por incompatibilidad legal con la existencia de una base militar. 
En marzo de 1984 se inauguró el primer molino de energía eólica "alegal" de Catalunya y segundo de España en Vilopriu (Alt Empordà), tras el prototipo instalado dos años antes a Tarifa (Cádiz) para aprovechar el levante acanalado por el estrecho de Gibraltar (el primer aerogenerador del país conectado a la red se instaló en la bahía de Palma de Mallorca en marzo de 1983). El de Vilopriu fue íntegramente diseñado por la cooperativa de diez jóvenes ingenieros catalanes Ecotecnia, nacida al calor del movimiento a favor de las energías alternativas. 
La pequeña empresa barcelonesa de alta tecnología "de garaje", como las legendarias de la Silicon Valley californiana, no recibió suficiente apoyo financiero, industrial ni político, pese a tratarse de un sector estratégico de futuro con gran potencial de lo que ahora se denomina valor añadido y llena tantas bocas. La política industrial de los gobiernos catalán y español no daba para más. 
En consecuencia, se vio absorbida por la multinacional Alstom. Actualmente Ecoctecnia-Alstom es una gran multinacional del sector, con fábricas de la especialidad en todas partes menos en Catalunya (la del Pla de Santa Maria, en la Conca de Barberà, se dedica a la energía solar). 
Un mes después de la instalación del primer molino de Vilopriu, el primer parque eólico de toda España se estrenó el 9 de abril de 1984 en el Puig de la Malaveïna de Garriguella (Alt Empordà), sobre la carretera vieja de Peralada. Estaba formado por un conjunto de cinco aerogeneradores en paralelo, montados sobre torres metálicas de doce metros de alto. El bajo rendimiento del emplazamiento elegido llevó a descartarlo en 1988 y trasladarlo en 1991 al Puig Alt de Roses (492 m), en la cima de la montaña del Pení, con seis aerogeneradores de 18,5 metros de alto y un diámetro de rotación de quince metros. Una de las palas de los viejos aerogeneradores figura hoy a la entrada de Garriguella como memorial del primer parque eólico.
El parque eólico del Puig Alt de Roses fue desmontado en 2007, por la obsolescencia de una tecnología en rápida evolución y por la declaración del lugar como Parque Natural de Cap de Creus, sin posibilidad legal de englobar este tipo de equipamientos. Hoy no hay ningún parque eólico en actividad en las comarcas gerundenses. 
Catalunya se halla a la cola en esta materia (solo el 0,48% de la electricidad que consume procede de aerogeneradores, por el 21% en el conjunto de España). La gran mayoría de los 17 parques eólicos en funcionamiento en Catalunya se han erigido en zonas rurales poco pobladas de Tarragona y Lleida. 
El gobierno de la Generalitat aprobó en 2009 la instalación de medio centenar de parques eólicos suplementarios. Los más extensos debían concentrarse en la Terra Alta, para solventar en parte el atraso acumulado. Por el contrario, España se ha convertido en el cuarto país del mundo en potencia eólica instalada (tras China, Alemania y Estados Unidos), gracias a la activa participación de las grandes compañías eléctricas en su producción y transporte a través de la red general, aunque la tendencia conozca altibajos. 
Los molinos de nueva generación instalados en 2008 por Ecotecnia-Alstom en el parque eólico de la Collada, en el Perelló (Baix Camp), eran en aquel momento los más altos de España. La potencia de las turbinas eólicas se había multiplicado por 120 en comparación con la primera de Vilopriu en 1984. Ahora tienen 50 metros de longitud de cada una de las aspas y 140 metros de alto, lo que supera al Big Ben de Londres (96,3 m) y se equipara con la Torre Agbar barcelonesa (144 m). 
El profesor Sergi Saladié, de la Universitat Rovira i Virgili, coordinador del Catálogo del Paisaje en las Tierras del Ebro, manifestó a raíz de aquella inauguración de 2008 que tan solo el 2% de los beneficios de las instalaciones revertían al territorio y que el único criterio seguido para concentrarlas es el precio del suelo. La gente las llama los "ventiladores". 
Catalunya ha quedado en el furgón de cola en la carrera de las nuevas tecnologías para la producción de electricidad. La tramontana ampurdanesa no sirve para nada, de momento, en este aspecto. Del otro lado inmediato de la frontera, genera la situación inversa.

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