24 abr. 2017

De una consolación a otra, con algunos descubrimientos encadenados

El concepto de consolación se asocia hoy a no sé qué artilugios consoladores. En cambio yo guardo un glorioso recuerdo de haberme consolado muy bien en la hospedería de la ermita de Nuestra Señora de la Consolación, en las afueras de Collioure, situada en una acogedora situación boscosa a escasa distancia del mar, que desde aquí se ofrece en panorama. Se trata de la ermita en que los autóctonos celebran las romerías y comidas festivas, cuando la locura de la temporada turística se lo permite, especialmente en las fechas señaladas del 1 de mayo, el domingo siguiente al 15 de agosto y la fiesta patronal del 8 de
septiembre. El lugar de refugio fue probablemente fundado por marineros griegos antes de nuestra era, por la proximidad de numerosos manantiales.
La capilla ha sido reconstruida en varias ocasiones, la última en 1975 con habitaciones de alojamiento anexas, que ahora acaban de renovarse. Dispone de una explanada con mesas y bancadas para celebrar las cargoladas, perfumadas con el fuego de sarmientos. La ermita fue desamortizada a raíz de la Revolución Francesa de 1789 y pasó a ser propiedad de una asociación de vecinos Les Pabordes que sigue regentándola. 
De aquellos días alojado en Consolación he guardado, de rebote, un interés por la advocación, Compruebo que en todas partes se venera esa Virgen, patronímico de las Consuelos. Ahora también opera con el nombre de Consolación un hotel rural de lujo en Monroyo (Matarraña).
En París me refugio a veces en la calma de la bellísima capilla neobarroca de Notre-Dame de Consolation, cerca del puente del Alma. Está abierta todo el día, y con oferta de conciertos.
He descubierto asimismo que Consolación es el título de distintos tratados filosóficos de Séneca, Cicerón, Plutarco y Boecio, así como un género de oratoria grecolatina destinado a confortar a los familiares en un funeral.
También es un género musical, en el que han descollado las “Consolaciones” de Franz Liszt para piano. La nro. 3 es una pequeña joya, igual que la ermita de Collioure que constituyó el detonante de mi curiosidad. Quien no se consuela es porque no quiere.

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