4 may. 2017

El caso del mosaico romano de Ifigenia en Empúries, ilegalidades y tropiezos

Arrancar y comercializar privadamente cualquier pieza arqueológica no constituyó delito hasta la Ley de Excavaciones y Antigüedades de 1911. Tan solo era algo denunciado por historiadores y grupos dotados de espíritu cívico. La anomalía alcanzó extremos muy acusados en Empúries. Algunos eruditos más desaprensivos, vinculados a la Comisión de Monumentos gerundense y a las autoridades provinciales, constituyeron el 1 de diciembre de 1848 ante notario en La Escala una sociedad privada destinada a adquirir un terreno de Empúries en el que acababan de encontrar el célebre mosaico romano del siglo I aC con una representación del mito del sacrificio de Ifigenia en Áulide. La pieza, de unos 55 cm de ancho por 60 cm de largo, es una de las importantes y completas halladas en el yacimiento. El objetivo de la compra del solar era considerar el mosaico propiedad particular y ponerlo a la venta como tal. Uno de los firmantes de la nueva sociedad era Gabriel de Molina, secretario del
Ayuntamiento escalense y autor del capítulo dedicado a Empúries en el Dicccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz, donde reclamaba que se preservaran para la ciencia los tesoros del yacimiento...
Otro socio fundador era Joaquín Pujol Santo, miembro de la Comisión Provincial de Monumentos de Girona desde su creación en 1847. Un tercer miembro era Francesc de Maranges i Juli, futuro diputado a Cortes y presidente de la Diputación de Girona.
Los signatarios de la sociedad privada expresaron sin ambages en el documento notarial: "Cual media vesana de tierra adquieren, al objeto de buscar preciosidades y conservar las antigüedades o restos de edificios que la casualidad ofreciere o quizá se hallaren". 
Construyeron inmediatamente sobre el mosaico una pequeña barraca de obra, cerrada a cal y canto. La pieza quedó confinada ahí durante cerca de cien años a la espera de comprador. El hermético cerramiento privado del mosaico romano no fue impedimento para que resultase bien conocido, entre otros motivos para promocionar su esperada venta. Varios autores lo describieron, como el historiador gerundense Joaquim Botet i Sisó en el trabajo de 1879 Noticia histórica y arqueológica de la antigua ciudad de Emporion
Finalmente, el vicepresidente de la Comisión de Monumentos gerundense Manuel Almeda escribió en un informe: "Pero pasaron los años, el rico comprador no se presentaba y los socios se fueron dispersando o murieron y muchos años quedó el mosaico sino olvidado por lo menos solitario en la casita que lo alberga". 
Se estableció la costumbre entre los visitantes de llevarse una de las pequeñas teselas del mosaico como recuerdo, lo que provocó una carta de denuncia enviada el 26 de julio del1879 a la Comisión de Monumentos gerundense per el vecino de Vilafant Josep Saderra i Mata: "Tengo el disgusto de poner en conocimiento de V.S. que el estado de conservación del precioso mosaico de Empúries empeora rápidamente, tanto que, si no se toman prontas y enérgicas medidas para conservarlo, dentro de poco tiempo habrá dejado de existir. En la visita que tuve el gusto de hacer a aquel despoblado el día 23 del corriente pude enterarme de que todas las figuras que están en primer término son mutiladas, en particular la de Ifigenia, cuyo cuello ha desaparecido ya. Me dirijo a la Ilustre Comisión de Monumentos para que informada de los que está sufriendo tan preciada joya artística y arqueológica ponga en práctica cuantos medios estén a su alcance para evitar su cercana desaparición". 
Cincuenta años después del descubrimiento y privatización del mosaico romano, en 1892 la Comisión de Museos y Bibliotecas de Barcelona intentó comprarlo, sin éxito. Los hermanos escalenses Francesc y Josep M. Oliveras i Maranges acabaron reuniendo en sus manos la totalidad de acciones de los demás sucesores de los socios fundadores de la sociedad privada. Pusieron de nuevo a la venta el mosaico en 1909 por la elevada cifra de 12.000 pesetas. Cada vez más voces reclamaban la protección de esta pieza del patrimonio. 
Tampoco en esta ocasión apareció el fabuloso comprador. Los bienes de Josep M. Oliveras i Maranges fueron embargados y subastados en abril de 1912, por deudas contraídas con el banquero figuerense Narcís Cusí Jordà, entre ellos "una pieza de tierra llamada Mosaico", tazada en 5.000 pesetas. La Comisión de Monumentos de Girona solicitó que interviniera en la compra el ministerio de Instrucción Pública, en función de aquella nueva Ley de Excavaciones y Antigüedades de 1911, que preveía que el Estado podría ejercer el derecho de tanteo y retracto en casos como aquel. 
El diputado carlista olotense Pere Llosas Badía presentó en el Congreso una interpelación al ministro de Instrucción Pública para que interviniera en dicho sentido. El 29 de mayo de 1912 se subastaron los bienes embargados a Josep M. Oliveras i Maranges: "Se remató el tercer lote a favor de don Alfredo Camps y Fontanet cuyo remate aceptó para ceder a tercera persona, que resultó ser Don Francisco Oliveras y Maranges. Mas no se aprobó el remate en razón a la circunstancia de comparecer en autos Don Manuel Almeda y Esteva en nombre del Estado y como Vicepresidente de la Comisión de Monumentos de Gerona, recabando para el Estado el derecho de tanteo y retracto de la parte del explicado Mosaico [...] Don Manuel Almeda consignó en Secretaría la cantidad de trescientas treinta y seis pesetas con treinta y tres céntimos, precio correspondiente a la parte del mencionado Mosaico". 
Sin embargo el hermano Francesc Oliveras i Maranges presentó recurso judicial contra la cesión del mosaico al Estado, aceptado por el juzgado de primera instancia de Figueres. La decisión se vio apelada por el abogado del Estado ante la Audiencia Territorial de Barcelona, quien dio razón al interés público. La venta aparentemente definitiva del mosaico al Estado se realizó el 24 de marzo de 1914. 
Entonces resultó que, en realidad, se trataba de una mitad indivisa del mosaico. La otra mitad seguía siendo propiedad del hermano no embargado, Francesc Oliveras i Maranges, quien ofreció la venta de su parte por 4.000 pesetas a la Comisión de Monumentos gerundense. Eso dejó la recuperación de la pieza en suspenso durante veinte o treinta años más, hasta que el comisario de Patrimonio Histórico y Arqueológico de la Generalitat, Pere Bosch Gimpera, ordenó que fuese requisado y trasladado al Museo de Arqueología en Barcelona en enero de 1937, dentro de las disposiciones legales de guerra. 
La venta de la segunda parte indivisa de propiedad privada del mosaico del sacrificio de Ifigenia no tuvo lugar hasta 1940, según hace constar Martín Almagro en las Memorias de los museos arqueológicos provinciales de 1941. La pieza solo se incorporó al museo de Empúries a partir de 1956, más de cien años después de ser exhumada y encerrada en un campo comprado a toda prisa por los descubridores con la intención de beneficiarse de la venta, como lograron en alguna medida cien años después. 
El caso se vio estudiado en detalle mucho más adelante por Lluís Buscató Somoza y Lluís Pons Pujol en el trabajo "La troballa del mosaic del sacrifici d'Ifigènia a Empúries i la seva posterior adquisició per la Comissió de Monuments de Girona. Uns fets poc coneguts", publicado como separata del número 53 de la revista Empúries, el año 2003.

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