30 may. 2017

Elogio breve y contenido de un día gris como el de esta mañana

El día gris de hoy por la mañana me lleva a pensar que este color tiene mala reputación por alguna razón infundada. Se emplea como sinónimo de monotonía, indefinición o mediocridad, como si este tono de la gama cromática equivaliese al blanco sucio, al medio luto, un tono apesadumbrado, sordo, átono, macilento, desalentado, lívido, plomizo, frío, refractario y tosco. Todo eso es un error vulgar. No valorar la riqueza del gris es un problema de materia gris. Representa uno de los colores de mayor plenitud, el de los matices más sutiles y elegantes. Valorar el espectro del gris significa un arte mayor. Del gris perla casi translúcido y el exquisito gris plateado hasta el gris azulado, el acharolado, el marengo, el ceniciento, el gris humo, el gris de asfalto, el gris metálico y reluciente del
estaño... Es el color majestuoso de los olivos y de la ciudad de París. Con eso queda todo dicho y debería ser suficiente para rebatir la leyenda infundada.
Los días grises, incluso las personas grises, concentran una cantidad de matices y claroscuros poco valorados por quienes no saben discernir la infinita gama de posibilidades que ofrece la realidad. Su carencia les lleva a decepcionarse cuando las cosas no adoptan los colores más agudos de las máscaras. No saben apreciar el gris, la riqueza del gris.
Por la tarde, lucirá de nuevo el sol.

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