12 may. 2017

Retorno a la incomprendida “tebaida” bajo el Coll de Banyuls

En una ocasión el reconocido escultor rosellonés Arístides Maillol llevó de excursión a uno de sus afamados amigos pintores de París al valle del Coll de Banyuls, en el confín de la raya de frontera pirenaica cuando se une con el Mediterráneo, donde el escultor había nacido y le complacía trabajar en contacto directo con la naturaleza. Se sorprendió ante la decepción del visitante: "Aquí comimos un conejo con Maurice Denis. Lo encontró triste. Dijo que era una tebaida. Estaba acostumbrado a Italia, comprende usted, donde las cosas son más relamidas, demasiado bellas. No están acostumbrados a esta naturaleza de aquí, no la entienden. Aquí es Sicilia, es Grecia"... Cabe señalar que la Tebaida es una región desértica del Antiguo
Egipto a la que se retiraban monjes y eremitas al comienzo de la era cristiana. Por eso la palabra “tebaida” designa en lenguaje de hoy un lugar considerado alejado, áspero, inhóspito. 
El punto preciso de aquella incomprensión estética y moral del pintor parisino ante el paisaje que Maillol le mostraba con orgullo, aquella tebaida de claridad diáfana sin ornamento ni gesticulación, sigue siendo hoy una deliciosa mata de encinas bajo el Mas Cornet, en el descenso del Coll de Banyuls hacia el madrigal de las viñas verdes a orillas del mar, que brotan rebeldes entre la piedra oscura machada per el amarillo cadmio de los líquenes. 
Me paro cada vez que paso para respirar la atmosfera de la brizna de paraíso terrenal posible y concreto que tengo a mi alcance de vez en cuando. El aire fluye con una melodía iridiscente, el silencio hace como de abrigo y la sombra invita a amarla con los dedos. Conmovido, le dedico un rato de detenimiento con la mirada ávida, la piel erizada y los pulmones ensanchados. 
Es una de mis tebaidas predilectas, acogedora y suavísima, sin nada de alejada, áspera ni inhóspita. Le doy la razón a Maillol. Es de una belleza más griega o siciliana que toscana. Aunque eso no me parece ningún demérito, también puede constituir un título de nobleza. 
He recorrido con la mayor estima durante largos años la Toscana, Sicilia, Grecia. Les he dedicado algunos libros. Convengo con Maillol que el valle de Banyuls sostiene perfectamente la nota, con el mérito añadido y deslumbrante de la sobriedad, el recogimiento, casi el anonimato. Aquí silencio no es una forma de vacío ni de dolor, sino la sutileza de un virtuosismo argumental, dotado con unas herramientas narrativas y unos registros expresivos sin artificios ni maquinaciones.
Nunca he conseguido encontrar a la palabra “tebaida” el sentido que le da el diccionario. Tampoco he logrado que a todos mis amigos les haga vibrar esta de aquí como a mi.

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