22 jun. 2017

El velo que recubre los veranos discretos de Balenciaga en la Costa Brava

La exposición sobre el diseñador de alta costura Cristóbal Balenciaga que acaba de inaugurar el museo Victoria&Albert de Londres me lleva a pensar en el desconocido capítulo de su vida relacionado con la Costa Brava y el castillo del matrimonio Woevodsky en Cap Roig de Calella Palafrugell. Durante sucesivas vacaciones veraniegas de los años 60 el couturier diseñó aquí en secreto una parte de sus colecciones. Nacido en Guetaria en 1895, abrió los primeros establecimientos en 1917 en San Sebastián, en 1933 Madrid y en 1935 en el nro. 10 de la calle de Santa Teresa de Barcelona. Emigrado a París en 1937, Balenciaga no solo fue calificado de "Picasso de la moda" por Jean Cocteau o de "Mozart de la costura" por su discípulo Hubert de Givenchy. También se le conoció como el Hombre Invisible, por el extremado sentido de pudor y discreción que le llevó a vivir enclaustrado en el taller parisino de la avenida Georges V nro. 10, hasta su muerte acaecida en 1972. Concedió una sola entrevista a lo largo de la brillantísima carrera, en 1971 a The Times, tres años después de haber cesado profesionalmente. El hermetismo sobre su vida privada hace que sea desconocida su decisión de adoptar aquellos veranos como residencia de vacaciones el castillo de Cap Roig, invitado y protegido en
su intimidad por los propietarios Nicolás Woevodsky y Dorothy Webster. Lo intenté exponer en mi libro Cap Roig, el llegat d'un somni, pese a las dificultades de acceso a los documentos.
En la primera ala construida del castillo, el matrimonio Woevodsky habilitó unas dependencias reservadas al descanso y el trabajo de Balenciaga, siempre acompañado por su secretario y pareja durante veinticinco años, Ramón Esparza. El modista eligió este lugar precisamente por las posibilidades de discreción que suponía, lejos de la vida social y del simple conocimiento de su presencia. 
El dormitorio de Balenciaga, con amplia cama de baldaquino, así como las habitaciones anexas del piso superior comunicadas por una escalera interna, se asoman a la espléndida escalinata del jardín botánico de la finca, donde las hileras de cipreses flanquean la visión del mar y las Islas Formigues. Aquellos veranos las colecciones de Balenciaga fueron ideadas aquí, con la misma reserva que en la maison de la avenida Georges V.
Las exposiciones internacionales sobre sus vestidos han sido incesantes, desde 2011 dispone de un museo permanente en la localidad natal de Getaria (Guipúzcoa). Sin embargo sus veranos en el Castell de Cap Roig permanecen recubiertos por aquel velo de absoluta discreción.

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